OMNIA SCRIPTA

ANDROMEDAM PERSEVS LIBERAT

(PERSEO Y ANDRÓMEDA, de Jean Auguste Dominique INGRES, 1820)

Perseo, sustentado en el aire por los divinos talares (sandalias con alas) y por el pétaso (casco con alas) que le había regalado Mercurio, está a punto de descargar su golpe mortal con la cimitarra que el dios también le había entregado. El monstruo que va a caer abatido lo había enviado Poseidón para devorar a la joven que está encadenada a la roca. Ella, Andrómeda, no era culpable de nada, ni siquiera de ser tan bella, pero estuvo a punto de pagar muy cara la soberbia de su madre, Casiopea, que había dicho en público que la joven princesa que ella había alumbrado era más hermosa que las mismas nereidas. Poseidón exigió como castigo la vida de la hija. Naturalmente, el rey Cefeo, padre de Andrómeda, no pudo negarse al sacrificio, pues de lo contrario vería arrasado su reino. Ella, resignada, asumía su papel de víctima y esperaba tan sólo el momento de la aparición del monstruo, cuando ¡he ahí que apareció Perseo!

Lo que no vemos en el cuadro es la escena previa: al pasar por allí Perseo casualmente y contemplar a Andrómeda encadenada a la roca, hizo un alto en el camino aéreo y aterrizó a su lado. Hubo una palabras. Súplica. Dudas. Desesperada por la indecisión del “supuesto” héroe Perseo, hijo de la hermosa Dánae y del propio Júpiter, recurre a una retórica para situaciones de emergencia: “¡Apuesto extranjero, os lo ruego, salvadme del monstruo y seré vuestra para siempre, ya como sirvienta, ya como esclava, ya como concubina, pero, no, no me dejéis morir!” Y Teseo, convencido por el único argumento que puede persuadir a un héroe, cayó rendido no a la desesperada proposición de Andrómeda, sino ante la radiante belleza de su cándido cuerpo. Lucha, por tanto, el héroe contra el monstruo. Lo mata. La salva. Y se la lleva consigo a Argos, donde después de muchos avatares, reinarán Perseo y Andrómeda en concorde matrimonio. Primero en Argos y luego en la recién fundada Micenas.

POST DATA
Hay numerosas versiones sobre los detalles del mito. Por desgracia, la tradición manuscrita no nos ha legado ninguna tragedia griega referida a Andrómeda, pero quedan fragmentos de una Andrómeda de Sófocles y de otra de Eurípides, que es la que nosotros seguimos. He consultado el extraordinario artículo de los profesores de la Universidad de Valencia,  José Vicente Bañuls y Carmen Morenilla: Andrómeda en el conjunto de las tragedias de Eurípides. El tragediógrafo francés Corneille tiene su obra maestra en Andrómedra (1650).

Ofrecemos a continuación dos pinturas de la escena mítica. En ambas el monstruo ya está muerto. La primera, que es una pintura parietal pompeyana que está actualmente en el Museo Nacional de Nápoles, expresa el momento en que Perseo sujeta  el brazo de Andrómeda hasta que pueda liberarla. En la segunda imagen, de Pierre Mignard (1679), los Reyes Cefeo y Andrómeda, agradecen al héroe que haya matado el monstruo.

Véase el constraste entre el cuadro de Ingres (que refleja en primer término la belleza y la desesperación de Andrómeda), el fresco pompeyano (miradas en triángulo: Andrómeda mira a Teseo , Teseo mira al monstruo y el monstruo no mira a nadie) y el cuadro de Mignard (agradecimiento al héroe salvador relegando a un margen la visión de Andrómeda).

Hay otros muchos cuadros con este tema en distintas épocas. Cada cuadro es una interpretación diferente del mito. La pintura mitológica es al mismo tiempo una fuente de creatividad y un curso avanzado de psicoanálisis.

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OMNIA SCRIPTA

MORITVRVS SARDANAPALVS

Sardanápalo, último rey del antiquísimo Imperio Asirio, abre con su muerte una nueva Era. Faltaban aún 627 años para el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. La hegemonía en Asia central y occidental corresponderá a partir de esa fecha al Imperio Persa, el mismo que por su parte sufrirá las derrotas de  la Grecia continental en el S. V y de Alejandro Magno en el IV. Pero ¿por qué razón es conocido Sardanápalo? Pues fundamentalmente por el cuadro del romántico Delacroix (1828), describiendo el tenso instante previo a su muerte y por la tragedia Sardanapalus de Lord Byron  representada en 1834 en el Teatro Real de Bruselas:

http://engphil.astate.edu/gallery/sardan.html

La transmisión de los últimos días de Sardanápalo por los historiadores griegos de la Antigüedad parece clara:

1º:  S. V aC.:   Ctesias de Gnido, en los 23 libros de su obra Persica, cuya materia tratada es el Imperio Persa. OPVS PERDITVM.

2º: S. IV aC.:  Teopompo de Quíos, en los 58 libros de la Historia de Filipo de Macedonia. OPVS PERDITVM.

3º: S. I aC.:  Diodoro de Sicilia, en los 40 libros de su Bibliotheca Historica. MANENT XVII LIBRI.

Por lo que se refiere a los escritores romanos:

1º: S. I. aC.:  Gnaeus Pompeius Trogus, en los 45 libros de sus  Historiae Philippicae. Erudito romano de sabudiría enciclopédica. OPVS PERDITVM

2º: S. III dC.:  Marcus Junianus Justinus hizo un resumen del anterior, titulado Epitoma Historiarum Philippicarum. EXSTAT

Gracias a él conocemos lo principal de la historia de Sardanápalo.

Traducción libérrima

(Epitoma Historiarum Philippicarum I, 3):

“Sardanápalo fue el último rey del Imperio Asirio, un hombre más presumido y coqueto que cualquier mujer. Su palacio en Nínive, era un lugar de lujo y perversión. Pero nunca a nadie se le había permitido ver lo que hacía en sus aposentos. Movido por la curiosidad, el gobernador persa, un tal Arbacto, se las ingenió mediante complicados sobornos entre el personal de servicio para poder ver lo que en secreto hacía. La sorpresa fue mayúscula, pues encontró al rey rodeado de voluptuosas odaliscas, vestido de mujer, cual Hércules esclavo de la reina Ónfale. El propio Sardanápalo repartía los copos de lana entre las mujeres, hilándolos después en la rueca. Superaba a todas en la delicadeza de sus gestos y en la lascivia de sus miradas. Visto esto, el gobernador, preso de la indignación, comunicó a sus aliados que era una vergüenza lo que estaba pasando: todo un imperio poblado de hombres valientes y armados de hierro estaban a merced de una presumida mujer tejedora de lana. Los convence diciendoles que cómo iban a obedecer a un hombre que prefería ser mujer. Así pues tiene lugar una conjuración para acabar con el rey Sardanápalo, que en cuanto tuvo conocimiento de que le declaraban la guerra, en lugar de correr a defender el reino, no se le ocurrió otra cosa que lo que hacen las mujeres en peligro de muerte: correr a esconderse. Al final no le quedó más remedio que enfrentarse a los conjurados con una tropa pequeña y mal armada. Fue derrotado en el primer enfrentamiento. Se retiró a palacio y dispuso todo para la muerte. Mandó erigir una gran pira, se colocó encima de ella junto con todas las riquezas, incluido su caballo y odaliscas. Mientras una esclava le ofrece al rey el bebedizo mortal, contempla éste cómo son apuñalados sus seres más queridos, tras lo cual ordena finalmente incendiar la pira. Sólo en el momento de la muerte actuó, por única vez, como un verdadero hombre. Le sucedió en el poder a título de rey su propio ejecutor, el gobernador persa Arbacto.”

Texto latino:

Postremus apud eos regnauit Sardanapallus, uir muliere corruptior. Ad hunc uidendum -quod nemini ante eum permissum fuerat- praefectus ipsius Medis praepositus, nomine Arbactus, cum admitti magna ambitione aegre obtinuisset, inuenit eum inter scortorum greges purpuras colo nentem et muliebri habitu, cum mollitia corporis et oculorum lasciuia omnes feminas anteiret, pensa inter uirginos partientem. Quibus uisis, indignatus tali feminae tantum uirorum subiectum tractantique lanam ferrum et arma habentes parere, progressus ad socios quid uiderit refert, negat se ei parere posse, qui se feminam malit esse quam uirum. Fit igitur coniuratio. Bellum Sardanapallo infertur; quo ille audito, non ut uir regnum defensurus, sed, ut metu mortis mulieres solent, primo latebras circumspicit, mox deinde cum paucis et inconpositis in bellum progreditur. Victus in regiam se recepit, ubi, extructa incensaque pyra, et se et diuitias suas in incendium mittit, hoc solo imitatus uirum. Post hunc rex constituitur interfector eius, Arbactus, qui praefectus Medorum fuerat; is imperium ab Assyriis ad Medos transfert.


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HANNIBALIS ADVERSVS CAESAREM

Hannibalis, Sébastien Lodtz, 1704, París

Hannibalis, SEBASTIEN LODTZ, 1704

Jardines de Las Tullerías, París

Gracias al ojo crítico de Jesús Lacoma, podemos asegurar que la escultura en mármol de Julio César del anterior  scriptum (post en el leguaje de los blogs) es la de los cómics de Asterix, pues está en los Jardines de Las Tullerías (entre la Plaza de La Concorde y el Louvre) desde 1872, a pesar de que originariamente (1696) adornaba los célebres Jardines de Versalles. Tanto Goscinni como Uderzo tuvieron oportunidad de verla al pasear por París, sirviéndoles de modelo a la imagen “cómica” de Julio César.

Al tener conocimiento de que frente a la estatua de Julio César (Nicolas Coustou, 1696) está situada otra escultura de Aníbal (Sébastien Slodtz, 1704) en las mismas Tullerías, he querido que sea ésta la imagen protagonista de hoy. Dos símbolos enfrentados: el poder de la autoridad romana y la rebeldía de quienes no aceptan el imperium, pero tampoco ofrecen alternativa al orden establecido. Frente al rostro autoritario y desafiante del romano, está la cara de orgullo y satisfacción de quien ha vencido al poderoso. Hay una cierta comprensión hacia el vencido en la cara de Aníbal (sympatheia con los que sufren), pues él sabe que algún día también sufrirá su derrota. El cartaginés, tras la batalla de Cannas (se calcula que murieron 60,000 romanos) que aquí el escultor ha querido representar, sostiene como bastón en su mano derecha un estandarte de legión (puede leerse al reves SPQR) al que ha dado la vuelta (subversión) y está pisando -que no pisoteando- unas águilas (aquilae) vivas que simbolizan el poder supremo de Júpiter y también de Roma. Da la impresión de que bajo el pie izquierdo (siniestro, el lado de la mala suerte) de Aníbal hay algún otro resto de estandartes, como el de un vexillum (especie de bandera con una tela color  púrpura) y unos fasces (varas atadas juntas con una cuerda y un hacha en medio: símbolo de poder adoptado de los etruscos, más tarde por el fascismo italiano y, aún hoy es símbolo de la benemérita Guardia Civil).

Estas dos extraordinarias esculturas del arte Neoclásico dan prueba de la altísima perfección técnica en el trabajo del mármol a la que se había llegado en torno a 1700. Un pálido reflejo, no obstante, de la Belleza suprema y genuina del arte escultórico de la Grecia Antigua. Los clasicistas tenemos la suerte de poder admirar motivos artísticos que no sólo nos deleitan, sino que también nos enseñan, y sobre todo, nos ayudan a recordar.

Cuando vaya a París no dejaré de dar un paseo por Las Tullerías.

Cesar Asterix

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CAESAR A PIRATIS CAPTVS

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Iulius Caesar, NICOLAS COUSTOU, 1700
Jardines de Las Tullerías, París

Cuentan Suetonio y Plutarco, autores ambos -latino el primero y griego el segundo- de la biografía de Julio César, que el Divino Julio había decidido alejarse de Roma para evitar rencillas políticas y asistir en la isla griega de Rodas a las clases de retórica del ilustrísimo Apolonius Molo, que le iban a ser muy útiles en su posterior carrera política.Al pasar por la isla de Farmacusa, fue abordado su bajel por unos piratas cilicios (de Cilicia) que buscaban conseguir un suculento rescate. Permaneció 38 días detenido, escasamente con la compañía de un médico y dos criados, pues tuvieron que marchar sus acompañantes en busca de los 50 talentos que exigían los piratas. En un principio habían pensado pedir 20, pero el romano les convenció para que subieran la cantidad tal y como lo merecía su persona.
Tras ser entregada esta cantidad, abandonaron a Julio César en la costa. Acto seguido, lo primero que hizo fue perseguirlos por mar desde el puerto de Mileto y no parar hasta capturarlos. Cuando aún tenían anclado su barco los piratas a cierta distancia del litoral, los abordaron antes de que el bajel pirata pudiera huir. Se incautó del dinero que había sido pagado, los llevó prisioneros a Pérgamo y, como el gobernador Junio no prestó gran atención al asunto, entonces dice Plutarco que los mando crucificar: cumpliendo así el suplicio con que estando prisionero les había amenazado César, inteligente, tenaz y calculador como muy pocos hombres ha habido en la historia.
Aprendan nuestros gobernantes de hoy en España esta lección: solve et repete (“primero paga y, después ¡reclama!”)

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PVELLA GEMMAS PROBAT

Godward

El joyero (GODWARD, 1900;  80,5 x 60,5 cm., 1900)

PVELLA GEMMAS PROBAT

Auctor: Robertus Tener a partir de esta pintura de John William Godward (1861-1922, England).

Fue al inicio esta obra latina una breve descripción del momento, del lugar y de la chica que aparece sentada en el peristilo. Pronto Emilia se hizo familiar entre nosotros por sus virtudes, por su inteligente sonrisa reflejada en el espejo al mirarse, por su hermosa y sutil elegancia, y, cómo no, por sus joyas. A medida que se iba probando los pendientes, el collar, el brazalete, nos presenta a su familia: el pater familias, Aemilius, su mater Cornelia, sus fratres Marcus et Lucius, su avia Escribonia, otrora esposa de Augusto, casada ahora en segundas nupcias. Más tarde tuvimos ocasión de conocer a Sextus, un joven enamorado y galante de esos que ya no existen y probablemente nunca existieron.

Posteriormente la acción se desplaza desde Roma a una lujosa villa de Bayas, cerca de Pompeya, propiedad de esta noble familia romana. Allí Cornelia hace los preparativos para recibir a ilustres invitados como Maecenas, Agrippa, Propertius, Horatius, Ovidius y el mismo Augustus junto con su esposa Livia y su hija Iulia. Quizá este día fue el primero de los males para ambos. Pues bien, acuden todos estos ilustres próceres a la villa de Aemilius y Cornelia por un motivo: celebrar el “annus saecularis” (año del siglo), que tenía lugar en la Antigua Roma cada 110 años. Esta efeméride servirá muy bien a los propósitos de Augusto: acaba una época de guerra y sufrimiento; nace una nueva Era, la Pax Augusta. Por fin se cerraron las puertas del Templo de Jano.

En el convivium que tiene lugar en la villa se habla del Amor. Cuando la conversación se estaba saliendo de tono, intervino el poeta Horacio, amigo íntimo de Mecenas, con una composición poética coral (siete chicos y chicas adolescentes) en 19 estrofas sáficas (3 endecasílabos sáficos + un adonio) expresamente creada para la ocasión. Un coro de esclavos y esclavas pusieron la voz, la memoria y el sentimiento.

Tras el canto de esta oda a los dioses gemelos Apolo y Ártemis, célibes ambos, el silencio se hizo entre los asistentes y nadie podía ya articular palabra. Tampoco yo pude seguir escribiendo, porque la Belleza serena y pura plasmada por Godward todavía iluminaba más la música y los versos de Horacio.

FAVETE LINGVIS

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LXV. CARMEN SAECVLARE

The_Roses_of_Heliogabalus

Pompa servorum ineunte, Livia, quae laxa reclinabat, surrexerat ad chorum audiendum. Horatius, qui inter quindecim viros sacris faciundis ab Augusto electus erat, confestim surrexit. adsunt quattuordecim puberes, septem pueri puellaeque septem e familia Aemilia. quos salutavit et quibus pauca dixit poeta: “ecce carmen quod consilio Imperatoris ab Quinto Horatio Flacco scriptum sit ad celebrandos ludos saeculares post centum et decem annos. fatis volentibus, nova aetas celebranda populo Romano et omnibus populis toto orbe subiectis. pax orbem regat! priscas virtutes colite, Romani! fugiant hodierna vitia! omnia vincit labor. venerandae sint omnibus iustitia, pietas, fides, fortitudo, prudentia, ac castitas in mulieribus. hae nobis summae virtutes semper erunt. post aliquos dies chorus puerorum virginumque in colle Capitolino hoc carmen canet ante Iovem Optimum Maximum. favete linguis et castas voces exaudite”:

Alma_Tadema_Caracalla
Phoebe silvarumque potens Diana,
lucidum caeli decus, o colendi
semper et culti, date quae precamur
tempore sacro,
quo Sibyllini monuere versus
virgines lectas puerosque castos
dis, quibus septem placuere colles,
dicere carmen.
alme Sol, curru nitido diem qui
promis et celas aliusque et idem
nasceris, possis nihil urbe Roma
visere maius.
Rite maturos aperire partus
lenis, Ilithyia, tuere matres,
sive tu Lucina probas vocari
seu Genitalis:
diva, producas subolem patrumque
prosperes decreta super iugandis
feminis prolisque novae feraci
lege marita,
certus undenos deciens per annos
orbis ut cantus referatque ludos
ter die claro totiensque grata
nocte frequentis.
Vosque, veraces cecinisse Parcae,
quod semel dictum est stabilisque rerum
terminus servet, bona iam peractis
iungite fata.
fertilis frugum pecorisque Tellus
spicea donet Cererem corona;
nutriant fetus et aquae salubres
et Iovis aurae.
condito mitis placidusque telo
supplices audi pueros, Apollo;
siderum regina bicornis, audi,
Luna, puellas.
Roma si vestrum est opus Iliaeque
litus Etruscum tenuere turmae,
iussa pars mutare lares et urbem
sospite cursu,
cui per ardentem sine fraude Troiam
castus Aeneas patriae superstes
liberum munivit iter, daturus
plura relictis:
di, probos mores docili iuventae,
di, senectuti placidae quietem,
Romulae genti date remque prolemque
et decus omne.
Quaeque vos bobus veneratur albis
clarus Anchisae Venerisque sanguis,
impetret, bellante prior, iacentem
lenis in hostem.
iam mari terraque manus potentis
Medus Albanasque timet securis,
iam Scythae responsa petunt, superbi
nuper et Indi.
iam Fides et Pax et Honos Pudorque
priscus et neglecta redire Virtus
audet adparetque beata pleno
Copia cornu.
Augur et fulgente decorus arcu
Phoebus acceptusque novem Camenis,
qui salutari levat arte fessos
corporis artus,
si Palatinas videt aequos aras,
remque Romanam Latiumque felix
alterum in lustrum meliusque semper
prorogat aevum,
quaeque Aventinum tenet Algidumque,
quindecim Diana preces virorum
curat et votis puerorum amicas
adplicat auris.
Haec Iovem sentire deosque cunctos
spem bonam certamque domum reporto,
doctus et Phoebi chorus et Dianae
dicere laudes.
OMNIA SCRIPTA

LXIV. FINIS SERMONVM

Godward_La_Pensierosa_1913

 

Talia Ovidio locuto, omnes convivae plauserunt praeter Imperatorem Augustum et Maecenatem sibi carissimum amicum. qui autem de bello cum Germanis loquebantur. Caesar Augustus, qui sermonem proferebat, iuxta Terentiam, uxorem Maecenatis recumbebat. ambo colloquebantur. Germaniam ille liberam imperio populi Romani proximis annis subicere exoptabat. Maecenas, atavis editus regibus, non ultra Rhenum amnem ei explicere imperium suadebat. in opposito lecto Marcus Vilnius Agrippa, docti poetae consilia audiens, exclamavit: “quam scurrilis hic Ovidius! pulchra sed obscena verba nuper tibi dicta. cave, Ovidi, ne eas exul in Pontum!” omnes risu assentiebant, sed eloqui verebantur coram Caesare de arte amandi. non multum antea Caesare leges de maritandis ordinibus ad senatum latae erant causa castitatis. multa emendaverant senatores, et etiam nunc princeps senatus, qui Terentiam tenere spectat, queritur de mollibus legibus Iuliis. tunc Maecenas sic fatur: “amorem relinquamus et nunc ad maiora revertamur. annus saecularis celebrandus populo Romano est post centum et decem annos. Horatius carmen saeculare scripsit.” chorus intrat.