OMNIA SCRIPTA

HANNIBALIS ADVERSVS CAESAREM

Hannibalis, Sébastien Lodtz, 1704, París

Hannibalis, SEBASTIEN LODTZ, 1704

Jardines de Las Tullerías, París

Gracias al ojo crítico de Jesús Lacoma, podemos asegurar que la escultura en mármol de Julio César del anterior  scriptum (post en el leguaje de los blogs) es la de los cómics de Asterix, pues está en los Jardines de Las Tullerías (entre la Plaza de La Concorde y el Louvre) desde 1872, a pesar de que originariamente (1696) adornaba los célebres Jardines de Versalles. Tanto Goscinni como Uderzo tuvieron oportunidad de verla al pasear por París, sirviéndoles de modelo a la imagen “cómica” de Julio César.

Al tener conocimiento de que frente a la estatua de Julio César (Nicolas Coustou, 1696) está situada otra escultura de Aníbal (Sébastien Slodtz, 1704) en las mismas Tullerías, he querido que sea ésta la imagen protagonista de hoy. Dos símbolos enfrentados: el poder de la autoridad romana y la rebeldía de quienes no aceptan el imperium, pero tampoco ofrecen alternativa al orden establecido. Frente al rostro autoritario y desafiante del romano, está la cara de orgullo y satisfacción de quien ha vencido al poderoso. Hay una cierta comprensión hacia el vencido en la cara de Aníbal (sympatheia con los que sufren), pues él sabe que algún día también sufrirá su derrota. El cartaginés, tras la batalla de Cannas (se calcula que murieron 60,000 romanos) que aquí el escultor ha querido representar, sostiene como bastón en su mano derecha un estandarte de legión (puede leerse al reves SPQR) al que ha dado la vuelta (subversión) y está pisando -que no pisoteando- unas águilas (aquilae) vivas que simbolizan el poder supremo de Júpiter y también de Roma. Da la impresión de que bajo el pie izquierdo (siniestro, el lado de la mala suerte) de Aníbal hay algún otro resto de estandartes, como el de un vexillum (especie de bandera con una tela color  púrpura) y unos fasces (varas atadas juntas con una cuerda y un hacha en medio: símbolo de poder adoptado de los etruscos, más tarde por el fascismo italiano y, aún hoy es símbolo de la benemérita Guardia Civil).

Estas dos extraordinarias esculturas del arte Neoclásico dan prueba de la altísima perfección técnica en el trabajo del mármol a la que se había llegado en torno a 1700. Un pálido reflejo, no obstante, de la Belleza suprema y genuina del arte escultórico de la Grecia Antigua. Los clasicistas tenemos la suerte de poder admirar motivos artísticos que no sólo nos deleitan, sino que también nos enseñan, y sobre todo, nos ayudan a recordar.

Cuando vaya a París no dejaré de dar un paseo por Las Tullerías.

Cesar Asterix

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