NVDA HETERA FRINE

FRINÉ ANTE EL AREÓPAGO

Jéan Léon Gérome, 1861

El cuadro de Gérome nos presenta a Friné, la hermosa hetera ateniense que fue modelo del escultor Praxíteles. Está ante el Areópago, el tribunal de ancianos encargado de juzgar si la joven había incurrido en delito al pretender emular a la misma Afrodita y pensar que superaba a la diosa en Belleza. El defensor de Friné era nada menos que el convincente orador Hipérides. Retiró la clámide que cubría a la acusada y dijo: “Juzguen, juzguen Vds. mismos, si dentro de tanta belleza puede haber alguna mácula de maldad”.  Y los jueces, convencidos por tan poderoso argumento, absolvieron a la hetera.

Prosigamos. ¿Quién podría dirigir sus pasos hacia la Justicia sin antes haber hollado las tierras de la Belleza, primero, y de la Bondad, después? La enseñanza de Diotima, o de Sócrates, o de Platón, que podemos leer en el Banquete (obra cumbre de la Filosofía-Literatura-Arte), es muy clara al respecto. Resumo yo mismo:

Quien pretendiere conocer lo que está bien y lo que está mal, deberá primero ejercitar su pensamiento en la distinción de  las bellezas individuales de los cuerpos. Entiéndanse por ello “cuerpos” que desprendan los radiales fulgores hacia los erotipos entre los cuales se siente atracción recíproca: Mars-Venus, Apolo-Apolo, Diana-Diana. Es decir, mira dentro de ti cuál es el ideal de belleza que imprime en tu alma las huellas más vivas. Búscalo. Te sobrarán ocasiones. Las imágenes te asediarán. Encontrarás rasgos que se repiten y conforman la idea que ya antes habíamos buscado dentro de nosotros mismos. Expresa entonces la idea, joven aventurero/-a (sic)  de la Justicia, y si has seguido bien los pasos de la sabia Diotima de Mantinea, sigue la senda de la Ciencia, lenta pero segura, insegura pero precisa, comenzando por las matemáticas, por ejemplo, para pasar después a la descripción física de la Tierra y la comprensión de las leyes que la rigen. Y si aún te quedan fuerzas y ganas de continuar, antes de llegar a la Justicia, ideal supremo por todos anhelado, es preciso estudiar lo que mueve a actuar a los hombres (y mujeres), el resorte último y profundo que nos induce a obrar. Que en cada cuál es distinto. Empieza por ti. Y por hoy ya basta.

Como han podido Vuesas Mercedes comprobar, ante el riesgo de llegar a una aporía en la disquisición BIEN-MAL en otro momento expuesta, hemos echado mano del Banquete platónico para poder salir de la encrucijada en la que estábamos.

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