Método aprender Latín, OMNIA SCRIPTA

Puella gemmas probat 2017

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Puella gemmas probat fue concebida como obra didáctica de acuerdo a unos principios metodológicos que se alejan de la corrriente gramaticalista y de programas oficiales de la asignatura en la enseñanza del latín, una obra pensada para ganar espacio en el terreno de la comunicación. Todavía hoy el Latín vive, mientras estén vivos quienes lo hablan o escriben. Para ello hemos escrito una historia sencilla, sin pretensiones, con un vocabulario básico y  las nociones gramaticales imprescindibles.

Lo principal en esta primera fase es conocer la familia y la historia de Aemilia, escribiendo y hablando sobre ella. La traducción de los textos se ha de evitar en lo posible, pero en todo caso, nunca examinar de esta manera, porque seguiríamos cometiendo el mismo error de los últimos años: enseñar una lengua del pasado y sin futuro. Lo que nosotros queremos enseñar es una lengua viva, por eso la traducción, aunque ocupa un lugar prioritario en la divulgación de las obras latinas, no es un objetivo per se. Nuestra misión no es enseñar a traducir latín, sino enseñar a comprender, a escribir y a hablar latín. Una tarea en la que muchos estamos para nunca retroceder ni mucho menos abandonar el escudo: seguiremos en la brecha que otros han iniciado.

Son necesarios en la evaluación del aprendizaje los clásicos tipos de examen de las lenguas modernas: intellectio (reading), compositio (writing) y elocutio (speaking). La labor del profesor sigue siendo aquí imprescindible. No hay un solo método de latín inicial que no tenga necesidad de un dux, de un guía en el aprendizaje. Nuestro método no solo no pretende sustituir esta figura, sino que la refuerza.

Estos principios metodológicos no son nuevos, y siguen la línea del Curso de Latín de Cambridge: no se estudia gramática compartimentada por temas y declinaciones, sino que el aprendizaje gradual comienza con los casos Nominativo, Acusativo y Ablativo con preposición. Sólo después de bien superada esta fase se continúa con el uso del ablativo sin preposición, el genitivo y el dativo. Hay excepciones, como algunos genitivos(-ae, -i) en la presentación inicial de la familia de Aemilia.

La sintaxis de la oración simple ocupa la primera parte de la obra; pues sólo cuando el uso de los casos latinos se conoce bien, está el alumno preparado para afrontar la complejidad de la subordinación latina, una complejidad sintáctica y de pensamiento que más adelante, en las fases avanzadas del estudio de esta lengua se llega a comprender.

Las imágenes de los cuadros de Alma Tadema y Godward han sido a veces el leit motiv de los textos y otras un magnífico complemento visual para amenizar este neolatín basado en textos originales de Séneca Propercio, Cicerón, Horacio, Virgilio y Ovidio, autores de los cuales se han extraído y adaptados algunos fragmentos ad hoc para la historia de Aemilia.

Aemilia, por cierto, hija de Aemilius y Cornelia, fue una joven que existió realmente; la fuente para esta historia se encuentra en la Elegia IV, 11 de Propercio, en la cual Cornelia, una mujer romana de la época de Augusto, nos habla desde la tumba a la posteridad.

Esta primera parte de la historia, denominada Aemilia puella Romana, ha quedado finalmente editada en el documento que ofrecemos a continuación.

SALVE, AEMILIA, PVELLA ROMANA !

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La descalificación personal como argumento dialéctico

Ο_Περικλής_Αγορεύων_στήν_Πνύκα_(Philipp_von_Foltz)

Pericles hablando a los atenienses, Philipp Von Foltz, 1853

Sobre cómo eludir el debate dialéctico mediante descalificaciones a la persona que encarna la defensa de unas ideas: las argumentaciones ad hominem y ad personam.

Se denomina argumentación ad hominem o ad personam, aquella que en lugar de confrontar argumentos en el plano de la lógica y de la razón, se recurre a golpes bajos a la persona para debilitar la argumentación de un oponente. A veces se pretende mostrar la contradicción entre lo que un hombre piensa y aquello que defiende o predica (ad hominem) y en otros casos se trata de una agresión contra la persona a modo de insulto o descalificación (ad personam), lo cual es un ataque directo al ethos o carácter del orador, que como bien dice Aristóteles es fundamento y base de toda argumentación.

Los ataques a la persona no tienen ninguna justificación en política. Las ideas se defienden con argumentos. La dialéctica es el modo civilizado de entenderse entre ciudadanos. Incluso podríamos afirmar que la democracia es el fruto político de la dialéctica, tal y como se estableció en Atenas (S. V a. C) bajo las históricas figuras de Solón, Clístenes, Efialtes y Pericles. Hoy también democracia es libertad. Pero no vivimos en un idílico jardín –Sr Rajoy, despierte- sino en un mundo inmundo en el que las agresiones físicas han llegado a irrumpir en la escena política. Agredir a quien defiende noblemente sus ideas es el acto más incívico imaginable.

Los debates televisados son un mal ejemplo para los ciudadanos, por la habitual falta de respeto entre los oponentes, actitud nada democrática entre tertulianos e incluso entre primeros espadas de algunos partidos políticos, pero encarnada precisamente por aquellos que paradójicamente dicen defender la democracia. La Democracia no una palabra sin contenido, sino una actitud de respeto y solidaridad a la voluntad del pueblo y los ciudadanos que lo integran.

Dicho esto, la España real es la que es. Tautología, pero asimismo triste realidad a la que algunos hace tiempo que ya nos hemos despertado. En nada favorece a la convivencia entre ciudadanos el clima de violencia radical generada en los últimos años por un activismo mal llamado político que no repara en ataques personales ajenos a la nobleza de la dialéctica, agresiones físicas y verbales de quienes amparados en una ética deshumanizada propugnan que el fin justifica los medios.

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Generar emociones primarias negativas

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CLAVES DE LA ARGUMENTACIÓN

PRIMERA CLASE PRÁCTICA

Sobre cómo generar emociones primarias negativas (miedo y cobardía) a través del enmarcado de la noticia en los mass media con objeto de encauzar la toma de decisiones del electorado.

Vivir sin televisión tiene muchas ventajas. De la soledad, del pensar por uno mismo, surgen las grandes ideas.

Pero a veces la radio también se entromete en el íntimo dialogar con nosotros mismos. Era de madrugada y volvía yo a casa -es un decir- cuando de pronto, una voz entrecortada, vacilante, triste, compungida y atenazada por el miedo, pretendía consolar a los españoles por la masacre de París.

Musitaba palabras la flamante y llorosa Vicepresidenta del Gobierno, en calidad de portavoz del poder ejecutivo de la Marca España. Hacía declaraciones de solidaridad con los fallecidos y ayuda al gobierno francés tras los sucesos dramáticos de París vendredi le soire. El ejército islámico había ejecutado una acción militar a través de yihadistas teniendo como objeto la población civil, en respuesta a los bombardeos por parte del ejército francés en territorio del denominado Estado islámico.

Pero la Vicepresidenta eludía totalmente la más ligera mención al Estado Islámico y acciones militares de cualquier tipo. El “enmarcado” de la noticia se produce mediante la palabra “terrorismo”, un vocablo cargado de simbolismo político social terroríficamente negativo. De este modo el marco connotativo incorpora al mensaje la resonancia suficiente para llegar a la audiencia más numerosa del modo más efectivo, lo cual cobra extraordinario relieve en momentos de incertidumbre.

Consiste este proceso en seleccionar y resaltar determinados aspectos de los acontecimientos para conectar con los marcos mentales preexistentes en el auditorio y de ese modo interactuar en el campo del pensamiento colectivo con objeto de promover una determinada interpretación, análisis, evaluación y solución al problema que se plantea en el enmarcado de la noticia. Pensamiento teledirigido que debe entenderse como un sesgo argumentativo, lo cual ocurre de modo sistemático e implícito en los medios de comunicación de masas, un mensaje raíz que impregna a su vez de modo secundario las redes sociales.

Son estas declaraciones de la Vicepresidenta desde luego muy meditadas por el ejército de colaboradores en estrategias de comunicación al servicio de no sabemos quién ni qué poderes ocultos.
Estos estrategas del poder de convicción, artífices a sueldo de la argumentación persuasiva, han leído bien las traducciones de la Retórica de Aristóteles. Así, bien acompañados, transitan por las vías del márketin político sin un horizonte más lejano que las próximas elecciones generales del 20 de diciembre. Es la propia razón de ser en la oligarquía de partidos dominante: la lucha por el dominio emocional de los posibles votantes. Han perdido el oremus, que dirían los laicos. Han perdido el norte, que dirían los marineros. O han perdido la vergüenza, que diría mi amigo Carlos.

Piensan estos gabinetes de comunicación política que el pueblo es una masa amorfa a la que no hay que tener ningún respeto, pues saben bien que son instrumentos de poder político, que se ejerce modelando la mente de las personas a través de los mass media. La gente tiende a creer lo que quiere creer, y por eso han imaginado que los españoles somos seres carentes de voluntad, a los que se les tiene que dirigir en sus creencias, pues de allí brotará la voluntad, de la cual son dueños en el plano colectivo.
Sabe bien la Vicepresidenta, como lo saben los órganos ejecutivos del poder, que el miedo y la desesperación son las emociones primarias negativas que conviene exaltar, provocando en los ciudadanos no sólo las mayores audiencias, sino también la mayor sumisión al poder en las denominadas “democracias modernas”.

Se busca así dirigir las voluntades de los ciudadanos convirtiéndolos en sumisos y temerosos, pero en las declaraciones de la Vicepresidenta se da una vuelta más de tuerca, pues se pretende más allá del temor, instar a la cobardía y la pasividad. Se quiere provocar el pánico en la población, hacernos creer que estamos ante una batalla perdida ante el “terrorismo yihadista” y lo único que resta es lamentarse, llorar desconsoladamente. Las arengas de los generales ante el ejécito dispuesto para la batalla son ya historia de Occidente. Alejandro Magno, Julio César, Aníbal, han dejado paso a la cobardía instucionalizada al servicio de la aterrorización de las masas por el poder aprovechando la barbarie “terrorista”.

Concluyendo, pura teoría de comunicación tales declaraciones vicepresidenciales. A partir de lo que conocemos sobre la inteligencia afectiva y su efecto sobre la comunicación global y adoctrinamiento de masas, las emociones primarias son de modo positivo el entusiasmo y la calma, y de modo negativo la depresión y el miedo.

Son los descubrimientos de la neurociencia y de la psicología cognitiva: la toma de decisiones en el ámbito político está regida por las emociones. Es decir, no pensamos por nosotros mismos, pensamos a traves de nuestras emociones, que son mucho más que una mera extensión del argumento, y resultan elemento clave de argumentación a la hora de animarnos a actuar y dar un paso al frente.

Por eso las declaraciones de la Vicepresidenta me han sumido en un grave dolor, porque incitan a la cobardía y sitúan esta actitud otrora vil y censurable socialmente, en lo más alto de la escala de valores ahora propuesta mediáticamente.

Pero a veces se equivocan. Es política de cobardes al servicio de las estadísticas del crecimiento económico y la manipulación social. Olvidan que el carácter, el ethos, es también un decisivo elemento en las claves de la argumentación. Olvidan que el temor, el amedrentamiento y la cobardía de quienes gobiernan difícilmente convencerán a nadie de nada.

Y también olvidan estos apóstoles de la cobardía que Internet es un espacio para la libertad y un agente primario en la construcción de modelos de pensamiento.

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CLAVES DE LA ARGUMENTACION

Cesare Maccari

         Cicerón acusa a Catilina. Fresco de Cesare Maccari, 1889.

CLAVES DE LA ARGUMENTACIÓN. Comunicación pragmática. 2015.

1. Argumentar para CONVENCER: “el arte de persuadir”

La vida en sociedad nos impone ciertos condicionantes a los que hemos de prestar atención si queremos desenvolvernos con eficacia en la relación con los demás. La comunicación es una necesidad ineludible. Y no basta con actuar de cualquier manera. Ni siquiera el respetar las normas de educación y cortesía o ser valedor de ciertas verdades generalmente aceptadas, es suficiente para convencer a los demás de que hemos actuado correctamente, o no digamos ya persuadir a un determinado auditorio de que tenemos razón. Hay que argumentar, por lo que no hay conocimiento más útil a nivel personal que conocer las claves de la argumentación, ya presentes en la antigua retórica.

A mediados del S. XX, Chaïm Perelman recupera este carácter argumentativo de la retórica clásica en su Traité de l’argumentation (1958) y funda la nouvelle rhétorique, relegando la Lógica formal en la teoría de la Argumentación. Las claves de la argumentación, ya recogidas en Aristóteles como fruto maduro de la dialéctica griega precedente, son el carácter y lo emocional , muy por encima de la lógica. Las estrategias de comunicación que hoy se enseñan tienen en cuenta estas variables de la persuasión o, si se prefiere, comunicación eficaz o pragmática.

La Retórica es definida como el “arte de persuadir”. El rhetor es el profesor de Retórica. La raíz griega rhe- indica el fluir de las palabras y las ideas a través del lenguaje con la finalidad de comunicar. Quien aprende sus técnicas, goza de conocimientos para mover la voluntad de otros mediante argumentos. Como en todo acto de comunicación, son relevantes de cara a la persuasión todos los elementos que la integran: emisor, receptor, código, canal y mensaje.

El orador debe conocer previamente quiénes son aquellos a los que va a dirigir su mensaje para solicitar su adhesión a la thesis que propugna. La construcción de este auditorio hipotético es un paso previo a todo intento de argumentación.
Ante un auditorio homogéneo, las técnicas pueden definirse con mayor precisión de cara a su efectividad, pues las coordenadas argumentales en las que nos movemos presentan ejes bien definidos.

El communis sensus es claramente perceptible en el caso de discursos políticos ante un auditorio fiel, pero en esas situaciones también hemos de considerar la finalidad última de persuadir a través del tipo de argumentación más eficaz, la que nos hará caer en gracia a ese auditorio. Si el auditorio es heterogéneo, tal que reúna personas diferentes no sólo por el carácter, sino también por sus inquietudes, intereses o sentimientos, el arte de persuadir tendrá que tener en cuenta numerosos argumentos que lleguen al auditorio en toda su amplitud y variedad.

A veces la comunicación es engañosa, pues el auditorio físico no representa a los millones de televidentes a quienes también van dirigidos los discursos políticos durante un debate parlamentario.
Por tanto, el estudio de los argumentos que organizados, dispuestos y finalmente redactados en forma de discurso, no se basa en lo que el orador considera más convincente para él mismo, sino en detectar lo que piensa el auditorio para así poder influir sobre él. Si no lo sabemos, debemos intuirlo, y si no lo hacemos bien, a cada momento incurrimos en errores.

Digamos que la comida se tiene que preparar al gusto de los comensales y no al de los cocineros.
Por tanto, la primera regla que debemos seguir es clara: adaptar el discurso al auditorio. Tal es la divisa de la nueva retórica: cui dicitur? (“¿para quien se emite un enunciado?”) lo que los lingüistas han denominado “pragmática”, la eficacia en el uso del lenguaje.

En definitiva, este punto de vista pragmático de enfocar la comunicación, implica un proceso previo de consideración, selección y disposición de argumentos según el objetivo y presentados según un orden que potencie la fuerza de cada uno de ellos de manera aislada y también la de todos ellos interactuando entre sí (dispositio).

Los argumentos no son fuertes o débiles per se, sino en relación a quienes los dirigimos. Por ejemplo, un argumento resulta ser fuerte detrás de otro argumento que ha modificado previamente el estado de opinión tras aportar una información necesaria para la presentación del argumento que sigue. Hay que reducir, no obstante, el número de los argumentos, que no pueden acumularse sin más no teniendo en cuenta las limitaciones en la capacidad de atención de quien nos escucha.

2. Argumentación LÓGICA: “la fuerza de la razón”.

Para quienes aún alberguen la esperanza de que la Lógica (como la Justicia) termina por imponerse en todas las actividades de la vida, que desistan y no pierdan el tiempo. Incluso en el campo de la Ciencia, donde las demostraciones de las hipótesis siguen unos cauces basados en “verdades convencionales” sometidas a prueba en condiciones objetivas, de lo cual resultan unos determinados teoremas matemáticos,que por otro lado nadie nos asegura que puedan ser refutados, la argumentación utilizada de acuerdo a un determinado método científico también es cuestionable. Por eso no nos tiene que extrañar que en la vida diaria, y cuando ejercemos una actividad profesional o política, la Lógica en contadas ocasiones prevalezca sobre otras claves argumentativas.

Así pues, el triunfo de la Razón en términos formales no pasa de ser un desideratum, pues lo que se impone al final no es la fuerza de la Razón, sino la habilidad de la Argumentación. Así sabemos desde la sofística en la Grecia clásica que “La acción justa es aquella acción que se puede justificar mejor” y no la “mejor en sí” que diría Sócrates y más tarde Platón. En palabras de Chaïm Perelman, que investigó la lógica del razonamiento jurídico, concluyó que “el derecho en vigor, el que está fijado, no es la expresión de la Razón, sino de la Voluntad”.

Por tanto, toda orden de gobierno es expresión de una voluntad, la de quien manda, y ello le concede un plus de legitimidad que justifica cada acción sin necesidad de argumentar. Ante todo acto de poder, se erigirá, no obstante, un contrapoder que forzosamente deberá hacer uso de la argumentación para erosionar al legislador.
No obstante, existe un tipo de argumentación lógica según la cual se crea una apariencia de verdad objetiva que parece seguir a primera vista los métodos del proceder científico. Las encuestas son al respecto un elemento de primer orden. Si bien, la Estadística, ha alcanzado un lugar entre los saberes científicos, no pasa igual con la demoscopia. Interpretar los datos de una encuesta queda normalmente para quien ha realizado la encuesta, es decir, para quien la ha promovido de acuerdo a unos intereses previos, con lo cual los resultados están sometidos a un interesado sesgo sistemático.

Entre los sesgos que suelen incorporarse a las encuestas ya desde su concepción, distinguimos, con objeto de no caer en la falacia de este razonamiento inductivo, los siguientes: muestra demasiado pequeña para obtener conclusiones, poco representativa de la población, imposibilidad de identificar a los encuestados, mentiras en las respuestas, dirigismo de los items sometidos a valoración, extracción de conclusiones que no responden a las preguntas de la encuesta, ocultación de resultados no favorables,etc.

Como vemos, es la norma que bajo pretexto de una argumentación “lógica” se intervenga muy sutilmente con una “certera apariencia de verdad” (definición de falacia).

Son igualmente falacias comunes las siguientes: el argumento de la mayoría (“somos más, luego tenemos razón”); argumento del progreso (la novedad atrae por sí misma, y también el cambio o la reforma); argumento de la necesidad (“no queda más remedio”, “hay que hacerlo; si no, el caos”); argumento pragmático (el éxito como garantía, argumentación por las consecuencias), entre otros muchos que ya han sido bien estudiados desde antiguo.

3. El CARÁCTER como argumento: “porque lo digo yo”.

La influencia que ejerce el orador sobre su audiencia depende, como hemos visto, de implicaciones emocionales, pero dentro de estas, merece un lugar destacado el carácter del orador (ethos). Vir bonus dicendi peritus, según el ideal de los antiguos romanos: el buen orador ha de ser buena persona. O al menos parecerlo. Y esto vale también con respecto a la imagen corporativa de una organización. Hay que despertar la benevolencia de quien nos escucha, si más tarde se quiere obtener su favor. Hay que crear el momento apto a la persuasión, lo cual parte de la imagen que estamos proyectando de nosotros mismos.

Las virtudes que hacen persuasivo al orador en función de su carácter, refiriéndonos a un auditorio universal, son la inteligencia, la prudencia, el equilibrio, la moralidad y la benevolencia. Hay otras muchas que dependen del contexto social en el que tiene lugar la comunicación. No siempre vale lo mismo. El objetivo es suscitar la credibilidad necesaria para que la persuasión sea efectiva. El orador ha de inspirar confianza por todos los medios, mientras que el adversario en la argumentación buscará desprestigiar a la persona y debilitar el crédito que este tenga ante el auditorio.

Pero no vayamos a creer que el discurso no tiene implicaciones en el carácter del orador, porque él es la manifestación más precisa de la persona, y porque se produce una interacción entre orador y discurso muy importante en el resultado final de la argumentación. La persona da las claves del sentido y verdadero alcance de una afirmación. Dos personas que dicen lo mismo, están proyectando en realidad mensajes distintos. Pero, aunque el discurso debe contribuir más con sugerencias y alusiones que con menciones expresas a la buena opinión que el auditorio construya sobre el orador, no es apropiado el elogio de uno mismo, por ser vanidad; aunque tampoco el desdoro, que es poquedad.

El prestigio, el buen nombre, la autoridad, son, por tanto, un argumento que utilizamos cuando citamos alguna autoridad en la que sustentar nuestra argumentación. Por ejemplo, si el nombre de quien ha recibido un premio Nobel o persona de reconocido prestigio acompaña una afirmación, estamos utilizando igualmente esta argumentación por el “carácter”. Si un científico anuncia una clase de yogures o un futbolista promociona un determinado seguro de automóvil, se está recurriendo a esta forma de argumentación “por autoridad”, omnipresente en la publicidad de todo tipo.

Por ello tienen mucho sentido y no son nada imprevistos los argumentos ad hominem, que son aquellos que intentar socavar el crédito del orador. Tratan estos de dejar en evidencia las argumentaciones de un rival llevando a consideración contradicciones visibles entre lo que dice una persona y entre cómo obra esa persona. Por ejemplo, quien argumenta en contra del lujo no puede permitirse gastos suntuarios que puedan ser objeto de contraargumentación. Este tipo de argumentos ad hominem son muy frecuentes y de una gran efectividad.

A veces se producen ataques a la persona (ad personam) por todos los medios posibles, dirigido a cuerpo y alma sin que se aduzca argumento de ninguna clase y sin dar al interlocutor otra herramienta de defensa que la sola negación de las invectivas o la contrarréplica en forma de descalificación, insulto, afrenta, burla, o injuria. El buen consejo será siempre no entrar en la provocación y rehuir siempre las descalificaciones. El buen talante siempre será en estas comprometidas situaciones la mejor forma de contrarrestar esta agresión descortés e improcedente.

Y volviendo a la personalidad o carácter del emisor de un discurso, digamos que la voz es muy importante, pues es quien transmite el mensaje aportando elementos de comunicación que no pueden reducirse sólo a la intensidad, el tono o la cadencia, sino que aporta dinamismo, ilusión, energía, carácter, entusiasmo, hostilidad además de sentimientos. La voz también nos proyecta a nosotros mismos y dice mucho de cómo somos.

4. Argumentación EMOCIONAL: “se lo pido por favor”.

Cuando un niño recurre al llanto para solicitar la atención de su madre, es consciente de que el dar pena conlleva una recompensa, pues se está invocando en última instancia a un estado emocional, la compasión. Cada vez que pedimos algo “por favor” estamos apelando a este sentimiento como argumento válido para conseguir nuestros propósitos, algo que, por supuesto, queda muy alejado de la lógica formal.

No tuvo inconvenientes, sin embargo, la Ministra de Economía italiana, Elsa Fornero, en llorar durante una rueda de prensa al anunciar duros recortes del gasto público, incluso en las pensiones. Todos los titulares de prensa al día siguiente fueron para ella. La noticia fue “La ministra que llora” quitando completamente el protagonismo al hecho de que “se bajan las pensiones”. La compasión que provocó la ministra en la opinión pública resultó tan grande que todo el mundo comprendió que “ella no quería”, “pero tuvo que hacerlo” y “por eso lloraba”.

Se trata de la compasión por argumento, tal y como había teorizado Aristóteles: “los factores emocionales no son ajenos al proyecto de una retórica basada en razonamientos”. Pero este argumento de orden afectivo no es el único, pues también apelamos a las emociones para provocar la ira, la calma, el odio, la amistad, el miedo, la confianza, la vergüenza, la indignación, el agradecimiento, la admiración o la envidia. El tratamiento argumentativo de las emociones ha sido desde siempre un elemento central de la persuasión, entendida como el arte de condicionar y ejercer influencia sobre el auditorio.

Los sentimientos que provocamos vienen, por tanto, “cargados de razón”. Por ello resulta un argumento de la máxima convicción apelar a las emociones y sentimientos de nuestros interlocutores. Que el proceso de razonamiento está dirigido por condicionantes emotivos y sentimentales que son muy difíciles de evitar, no ofrece dudas. Cuando muestra el orador sentimientos de afecto hacia la audiencia, está induciendo a creer que está buscando el bien de quienes le escuchan, incluso por encima del suyo propio. Esta empatía con el auditorio es un requisito imprescindible para llegar a la persuasión, pues implica que el orador conoce cuáles son los sentimientos del receptor para más tarde intentar templar y mover las emociones.

No podemos olvidar que las emociones son en última instancia juicios, pero su influencia es clave en el proceso persuasivo, pues estamos actuando sobre personas, sensibles como tales a reacciones emocionales. Todos cedemos ante esta clase de argumentación emocional, pero si no se aducen otros argumentos, estamos hablando stricto sensu de una falacia. Pensar críticamente es más arduo y difícil que dejarse llevar por los sentimientos y emociones, sobre todo, si son compartidas estas pasiones con el sentir de una mayoría. Resulta más atractivo para un orador excitar pasiones en un auditorio, que intentar construir un argumento convincente basado en una argumentación lógica. La publicidad y la política son terrenos abonados para este modo de razonamiento.

Las palabras mueven, pero las emociones arrastran. Si con palabras podemos conseguir la persuasión, sólo con emociones lograremos mover las voluntad. Tiene legitimidad, por tanto, dentro de la argumentación, la apelación a las emociones, pero antes han de ofrecerse suficientes argumentos y razones, si no queremos que, pasado el tiempo, queden en evidencia los sofismas.

5. El DIÁLOGO es sencillo: preguntar y escuchar.

“Para dialogar, preguntar primero; después…escuchar”. Este proverbio de Antonio Machado está cargado de sabiduría: para bien contestar, no sólo hay que dejar hablar, sino también escuchar.

El buen comunicador sabe que para una comunicación efectiva, lo primero es dar al interlocutor la importancia que merece. Procuramos ser simpáticos, atentos, amables, con la finalidad de presentarnos como personas merecedoras de la aprobación; es decir, enfatizando el carácter con vistas a la argumentación en el curso del diálogo. Difícilmente vamos a conseguir el favor de alguien si no somos capaces de escucharlo, si cortamos continuamente sus frases o si nos mostramos más interesados en lo que decimos nosotros mismos que en pensar sobre lo que nos están diciendo. Si queremos que después nos escuchen, no hay más remedio: escuchar atentamente para después poder preguntar. Tan simple y tan complicado.

La escucha activa es, por tanto, una actitud imprescindible y además previa a toda palabra que pronunciemos o gesto que tengamos, pues nos caracteriza para bien o para mal ante las personas a las que vamos a contestar. El silencio que prosigue a una intervención es una señal de bienestar en el campo dialógico. El objetivo: que quien está con nosotros, se sienta bien.

Pero simplemente con oír ne será tampoco suficiente, pues debemos mantener una alerta psicológica, en sentido amplio, interpretando todos y cada uno de los mensajes emitidos por nuestro interlocutor. Estos pueden ser verbales, incluyendo la entonación, o no verbales, como los gestos, el movimiento corporal (kynesia), de las manos, de los ojos, de la cabeza, señales todas dignas de consideración. Es lo que se denomina “comunicación mediante lenguaje no verbal”. Estar alerta nos permite ser conscientes de lo que realmente se nos intenta decir, discriminando a veces entre el discurso verbal y las verdaderas intenciones.

Para verificar el emisor que está recibiendo una escucha activa, garantía de que no está perdiendo el tiempo con esa persona, se suele recurrir al OBSERVAR, ESCUCHAR y PREGUNTAR. Observar, para poder captar todos los mensajes que se emiten; escuchar, ante la necesidad de procesar correctamente la información que se nos procura; y preguntar para aclarar dudas y dirigir la conversación hacia el punto a que nos interesa llegar. No nos podemos permitir el lujo de no escuchar, o el de simplemente oír, pues en el arte del diálogo, intervienen al menos dos personas; para el monólogo o soliloquio nos bastamos solos. No exageramos si decimos que el principal requisito de un buen comunicador es ser un gran observador.

Por tanto, la habilidad de la escucha activa es un requisito imprescindible en todo liderazgo y la resolución de conflictos tiene como mejor instrumento al diálogo.
Conviene buscar un clima propicio para el entendimiento y la comprensión, cuando la comunicación se distiende; se abre a la reflexión y a la comprensión. Ello aumenta la motivación del interlocutor a la hora de llevar adelante proyectos, así como su voluntad de cooperación. La diferencia de criterios y el contrapeso de argumentos deben producirse en un ambiente de cordialidad y confianza.

A veces una escucha activa nos permite detectar problemas que podamos más adelante resolver. Mientras escuchamos, pensamos; pero, ante todo, escuchamos con objeto de obtener información. No preparamos nuestra respuesta mientras se nos está hablando, ni, por supuesto, es cordial el interrumpir. Hay que tener claro y poner en práctica que hablar y escuchar al mismo tiempo no es posible.

Además hay que hacer ver que estamos escuchando con atención. Algunos expresiones como “por supuesto”, “sí, claro”, “bien”, “de acuerdo”, cumplen una función importante para el flujo del diálogo. Así se está demostrando al receptor de nuestro mensaje, que estamos atentos y animamos a este a que continúe hablando. O también es útil tomar notas de lo que se nos está diciendo, pues es conceder importancia a la persona con la que hablamos y al mismo tiempo obtendremos datos que no será necesario memorizar.

En esa misma tónica de agradar a nuestro interlocutor es imprescindible cuando no hayamos entendido algo, preguntar para esclarecer la duda, aunque nunca haciendo ver que el error ha sido de expresión. Nos sirve esto para confirmar una información y para poder seguir en escucha activa.

A veces son utilizadas en la conversación las “frases de recuerdo” (“como Vd. ha dicho….”) que sirven para llevar la conversación a un punto controvertido del que queremos extraer más información. Pero no conviene anticiparse a las conclusiones que va a exponer el interlocutor, ni tampoco finalizar por sistema las frases de quien nos está hablando como si fuéramos capaces de internarnos en su pensar profundo.

La retroalimentación (feed-back) cumple asimismo un papel fundamental en la conversación, pues permite al emisor asegurarse de que está siendo escuchado de manera efectiva. No basta con saber que se nos está escuchando, necesitamos también saber si se nos está entendiendo. En el campo de la enseñanza este aspecto cobra especial relieve.

Por último, hay un aspecto del diálogo que debe ser muy tenido en consideración: la comunicación no verbal. La posición corporal, el más mínimo gesto es significativo en la comunicación. Los ademanes revelan aspectos difíciles de controlar y ocultar, comenzando por la propia apariencia física correcta para un determinado auditorio. La expresión facial, el rostro es la parte del cuerpo más observada en la comunicación. Es este el principal emisor de señales que participan nuestras emociones, por lo cual su importancia es mayúscula en el terreno de la “argumentación emocional”.

Roberto Tierno Hernández. Binéfar, 2015

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FEMINARVM TRIA GENERA (Tres tipos de mujeres)

En la entrada anterior del blog fue relatado el tema mítico del Juicio de Paris. La intención era continuar con una interpretación del mismo que nos aclarara el sentido profundo de este mito.  Pienso que es un paradigma antropológico de Occidente que merece suma atención por su actualidad. Intentaré explicarlo de forma sencilla.

Guillaume Guillon-Lethiere nos ilustra la escena en un idílico remanso en el bosque. Paris es un vaquero, más que pastor de ovejas, y justo en ese momento muestra su admiración por Afrodita, que tiene aparcado su carro tirado por cisnes. El carro con pavos reales es el de la diosa Hera, mientras que Atenea aparece de pie con sus lanzas, el casco y la égida.

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Vamos a la interpretación.

Las tres diosas simbolizan tres tipos de mujeres con rasgos idealizados en su carácter divino. Son diosas, no mujeres reales, pero representan esos tres tipos que después encontramos difuminados en las mujeres de todos los tiempos. Paris representa a un hombre, nacido de humanos, aunque reyes, Príamo y Hécabe. Es decir, un mortal que tiene que tomar una decisión vital: elegir a una diosa como prototipo de la mujer que es principal objeto de sus deseos.

Así pues, el juicio de Paris es la decisión que todo hombre debe tomar acerca de la mujer que mejor se ajusta a sus preferencias. Las tres diosas son hermosísimas, pero hay que elegir una a  partir de otras cualidades intrísecas.

La diosa Hera, como hemos visto en la interpretación de Eleanor Antin,  representa el ideal de mujer-esposa. Su marido, Zeus, es el mejor partido al que ninguna diosa pudiera aspirar. Es Hera esposa del rey de los dioses del Olimpo, de lo cual se muestra orgullosa, saciada así su ambición matrimonial. Se sabe hermosa, mas para ella su cometido principal es cuidar del marido, los hijos, la casa. Es posesiva; todo lo que le rodea le pertenece. Su deseo es velar por el bien de la familia, subordinando a ello cualquier otro propósito, salvo alguna oscura intención a la que nadie puede sustraerse y nosotros no osaríamos relatar. Pero, como es natural, le molesta profundamente que Zeus tenga sus amantes, por ello las persigue con denuedo, sin llegar por ello a culpabilizar a su esposo, del cual comprende que no se resista a la hermosura de ninfas y princesas, pues con esa misma hermosura sedujo Hera al Rey de los dioses.

Júpiter y Juno, Annibale Carracci, 1600

Por otro lado, la diosa Afrodita, a quien Paris otorga la manzana de oro, es el prototipo de mujer que utiliza su belleza para seducir a los hombres.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f6/1863_Alexandre_Cabanel_-_The_Birth_of_Venus.jpg/1280px-1863_Alexandre_Cabanel_-_The_Birth_of_Venus.jpg

Nacimiento de Venus, Alexandre Cabanel, 1863

Sabe que es irresistible, porque a todo aquel a quien mira le llega su fuego abrasador. Cautivadora belleza que incita a la pasión y a vivir amores tórridos. Su esposo es Hefesto, cojo, desgarbado, con poca gracia, pero un hábil artífice de armas y joyas, trabajador y entregado a su guapa esposa, esperando muy poco a cambio, tan sólo el placer de la suma contemplación. Afrodita le vuelve loco, hasta tal que punto que le da todo… aquello que puede darle: dinero, cariño, atenciones, comprensión. Pero amor -¡hay el amor!-, prefiere los besos, las caricias, la ternura, la pasión de Ares, dios de la guerra, un luchador de la vida, sin excesivos miramientos por los demás, un amante que colma sus deseos. Afrodita también prefiere héroes cazadores de viril hermosura, como era Adonis; o el agraciado troyano Anquises, con quien tuvo a su hijo Eneas. Tal es su vida, entregada a los sufrimientos del amor, con hijos alos que ama, pero sin una familia estable. Madre de Eros y Anteros, niños traviesos que se dedican a clavar saetas en los corazones de quienes vuelven enamorados y desdeñados.

Y la terna de las diosas se completa con Atenea, la hija favorita de Zeus, engendrada con Mnemósine, diosa de la creación artística. Su genética es extraordinaria.

Pallas Athenea, Gustav Klimt, 1898

Protege las artes y enseña la estrategia de la guerra, en la diestra lleva su lanza, en la cabeza el casco y en el pecho, la égida. La ciudad de Atenas lleva el nombre de la diosa, Palas Atenea, a la cual dedicó el famoso templo en la Acrópolis, el Partenón, donde la diosa de ojos glaucos tiene su estatua crisoelefantina obra del gran escultor Fidias.  Su destino es estar soltera, no ceder a los impulsos eróticos de ningún hombre, por eso es la Diosa Virgen. Es sabedora de que si se entrega como esposa a un marido, no podrá llevar la vida independiente que lleva, luchando con las mismas armas que los hombres, siendo capaz de realizar las mismas tareas que ellos, sin ceder en nada a su arrojo y valentía. Todo lo puede con su voluntad guerrera y su inteligencia maravillosa. Inspira a los artistas con su voluntad de hierro. Sólo éstos se someten a su numen salvífico, aunque a cambio no reciban un amor pandémico, ni celeste; porque obtienen para sus espíritus creadores la voluntad del triunfo. Es, por tanto, Atenea una mujer de hoy en día, que podría ser ejecutiva primera de una gran empresa, jefa de un organismo monetario internacional o presidenta de una gran nación. Ahora bien, soltera, libre, independiente, sin un hombre a su lado que le incordie con las bajas pasiones, la esclavice con una prole a quien cuidar o le atosigue con problemas mundanos. No necesita un hombre, sino que más bien le sobran todos, pues no hay dios ni humano que le iguale en inteligencia. Su héroe más querido es, por supuesto, Odiseo, fecundo en ardides, cuya arma principal es también la inteligencia.

Concluyendo, Hera, Afrodita, Atenea, son  tres prototipos femeninos en grado sumo, inalcanzables como diosas. Hay mujeres que pretenden aunar en su vida estos tres modelos que la sociedad de hoy en día impone como paradigma: buena esposa, buena amante y buena trabajadora. Difícil tarea que ni siquiera las diosas podrían realizar, ¡cuánto menos una mortal!.

Paris, hombre mortal con sus virtudes y us defectos, se ve obligado a elegir un prototipo de mujer y elige a Afrodita, porque él mismo es guapo y seductor, aunque a veces cobarde. Esta misma elección tenemos que realizar algunos hombres en nuestras vidas. Iremos acertados si primero nos conocemos a nosotros mismos y alcanzamos a comprender el tipo de mujer que mejor se ajusta a nuestra naturaleza humana, aunque tendremos que resignarnos a pálidos reflejos de diosas encarnadas en mujeres de carne y hueso. Igualmente cada mujer necesita a un Paris que se compenetre con su alma de diosa, si bien los hombre somos humanos, demasiado humanos para las elevadas pretensiones de féminas que beben néctar y se alimentan de ambrosía.

JUICIO DE PARIS

IVDICIVM PARIDIS o El juicio de Paris

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Helena, Paris, Hermes, Atenea, Afrodita, Eros, y Hera.  Eleanor Antin, 2007

PARIS, también llamado Alejandro, fue incapaz de sustraerse a las Moiras, al destino que lo vendría a hacer culpable de la destrucción de Troya.

Paris había sido designado por Hermes para entregar a la diosa que él considerara más hermosa, la manzana de oro con la que la Discordia había amargado a los dioses las Bodas del mortal Peleo y la nereida Tetis.

Ante tanta belleza de las diosas Hera, Atenea y Afrodita, le costó decidirse a Paris, pero finalmente optó por el subyugante atractivo de la diosa Afrodita, quien en justa correspondencia para su disfrute, consiguió para él a la más hermosa de las mortales, HELENA de Esparta, a la cual tomaría por esposa el príncipe troyano.

Cuando el joven varón eligió a Afrodita, y no sólo por su sex appeal, como la más hermosa entre las diosas, no sabía lo que se le venía encima. Ella, la diosa de la seducción amorosa, le devolvería el favor prometido al príncipe pastor en el Monte Ida.

Helena tenía un padre natural Zeus y otro adoptivo, Tindareo, siendo su madre la bellísima Leda, a la que amó transformado el padre de los dioses en cisne. Famosas fueron sus bodas: 31 reyes y príncipes que de ilustres pretendientes acudieron a Esparta reunían a lo más granado de la aristocracia aquea: Odiseo, Ayax, Patroclo y Diomedes,

Fue Menelao de Esparta, señor de la guerra, hijo de Atreo y hermano de Agamenón, quien alcanzó el sumo honor de tener por esposa a la hermosísima Helena, pues ella lo prefirió entre los numerosos pretendientes que la disputaban. Todos ellos se comprometieron a defender a la esposa de Menelao ante un posible rapto, pues ya de joven había sido raptada por el príncipe ateniense Teseo, y a saber lo que pasaría. Por lo tanto, más valía tomar precauciones.

De expedición por tierras de los aqueos, llegó Paris a Esparta, enamoró a Helena y pronto huyeron ambos hasta Ilión, la rica en oro. A la vuelta de su viaje a Creta, Menelao, que no daba crédito a lo ocurrido, mandó a llamar a los caudillos aqueos para que acudieran en su defensa. Mil naves se congregaron en la bahía de Áulide, comandadas por Agamenón. Diez largos años tendrían que transcurrir hasta que Troya fuera destruida a sangre y fuego.

Para una amplia muestra de este tema mitológico en la historia no podemos dejar de consultar:

https://elenegp.wordpress.com/2009/04/08/catalogo-de-algunas-interpretaciones-del-juicio-de-paris-en-la-historia-de-la-pintura/

Del mismo modo en la WKPDIA hay pinturas del mito:

http://en.wikipedia.org/wiki/Judgement_of_Paris.

Ofrecemos, no obstante, algunas célebres obras de arte con el título de Juicio de Paris, que bien merecen una atenta mirada, y que nos pueden ilustrar de modo transversal una Historia de la Pintura mediante el Juicio de Paris.

Sandro Botticelli, 1485

Lucas Cranach, 1530

Joachim Wtewael, 1615

File:Joachim Wtewael - The Judgment of Paris (1615).jpg

Peter Paul Rubens, 1639

Henri Pierre Picou, 1880

Enrique Simonet, 1904

File:Enrique Simonet - El Juicio de Paris - 1904.jpg

OMNIA SCRIPTA

CARPE TEMPVS TVVM ET PROVIDE

 

 

Querido Lucilio:

Comienza a mirar por ti mismo. El tiempo que hasta ahora dedicabas a los demás, el tiempo que te hacían perder o el tiempo que te sobraba, lo mejor que puedes hacer es recogerlo y guardarlo. Convéncete, al final me darás la razón: parte del tiempo nos lo roban, parte nos lo quitan, parte se pierde solo. Es, sin embargo, la mayor pérdida de tiempo, el hacer las cosas sin prestar la debida atención. No tienes más que fijarte en que gran parte de la vida se le va a la gente haciendo las cosas mal; se les va casi toda su vida a los que no hacen nada; y la vida entera a los que no meditan lo que hacen. Difícil te será encontrar a quien ponga precio a su tiempo, a quien valore cada día, a quien se dé cuenta al cabo de que morimos cada día un poco. Porque en esto nos equivocamos principalmente, querido Lucilio, en mirar la muerte como en lontananza, sin notar que la muerte es la que va forjando el pasado; y sin comprender que todo tiempo pasado pertenece ya a la muerte. Por eso, mi querido Lucilio, haz lo que en tus letras me comunicas que estás haciendo: ocupar completamente tus horas; no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, pues cuando algo se te quede sin hacer, está entonces la vida transcurriendo en vano. Todo –fíjate bien, Lucilio– todo nos es ajeno salvo el tiempo que dedicamos a nosotros mismos. Ese único objeto fugaz y resbaladizo estamos naturalmente destinados a poseer. Y hay quienes rechazan el tenerlo. Tan grande es la estulticia de los mortales que ven normal que se les demande judicialmente por asuntos insignificantes, sin ninguna importancia y fáciles de reparar; pero, sin embargo, nadie considera que tiene una deuda con alguien por haber recibido su tiempo; cuando este es el único bien que agradeciendo nadie puede devolver. Quizá te preguntes qué hago yo mismo, que en esto te estoy aconsejando. Te seré muy sincero: sí, soy derrochador, pero al mismo tiempo diligente; por eso calculo con exactitud en qué empleo mi tiempo. No puedo decir yo que no lo pierda, pero sí te podré decir en qué, por qué y cómo lo pierdo. Te explicaré las causas que son de esta mi pobreza, si bien me ocurre lo mismo que a la mayoría, no llegados a la indigencia por sus defectos: todos los compadecen, pero nadie los socorre. ¿Qué ocurre entonces? No considero pobre a quien tiene suficiente, por muy poco que aquello que le sobre, sea. Ahora bien, tú, mi querido Lucilio, reserva haberes para los malos tiempos y comieza hacerlo ahora que son todavía buenos; pues, como dice el refrán: “Tarde llega el ahorro, si ya hemos llegado al fondo”. Además, lo último que queda no sólo es lo mínimo, sino también lo peor.

Saludos

(Carta primera de Séneca a su amigo Lucilio)