TRACTATVS DE AMORE

Expectations

Ecce poemata in Hispana lingua confecta gratia artis ac amoris, in Rincón de Manzano (Soria, ESPAÑA) 2007

EROS EIS TO KALON

Cuando intentamos comprender y definir tò kalón, sustantivación conceptual del adjetivo esencial de la paideia griega (entiéndase, aunque no se pueda, civilización, cultura, tradición y educación, todo en un solo lógos), estamos dirigiéndonos por el camino más recto posible hacia el misterio oculto de la condición humana: lo que nos hace divinos y por definición eternos: la Belleza y el instinto que a ella nos guía. Si el pensamiento socrático supone un avance crucial en la investigación de la Belleza, Platón, su más notable discípulo, sintetiza, desarrolla y transmite las ideas del maestro, con la debida reverencia, en sus diálogos, de los que son el Banquete y la República el último estadio (sobre el eros, la primera; y sobre el gobierno de la polis, la segunda). Sin esta magnífica colaboración entre maestro y discípulo no habría sido posible desarrollar la filosofía que marcaría un antes y un después en la historia de la Civilización. Las consecuencias de esta ruptura tendrán en Aristóteles, discípulo aventajado del primer discípulo del primer maestro, un nuevo punto de inflexión: vuelta al materialismo presócrático, cuyo punto culminante había sido Anaxágoras, reelaborado y reconducido a la manera que hoy denominaríamos científica. Cabe así ser definida la Ciencia como progreso hacia la ignorancia suma, el paradógico ideal que animaba a Sócrates y que nos anima a nosotros por la senda de la Verdad, la Justicia y la Belleza. Mas la idea fundamental del  pensamiento socrático es, como se sabe, el eros eis tò kalón, que resulta imprescindible concretar y describir en sus tres elementos: eros-eis-tò kalón. Comencemos por EROS (el eros aníkate máchan, palabras inmortales de Sófocles en la tragedia Antígona). Identifícase este erradamente con el deseo sexual, como si el eros de cada uno de los hombres y mujeres pudiera ser reducido a un común denominador y la voz de cada uno de nosotros (y nosotras) hubiera sido oída por los investigadores de no sé qué disciplina científica fundada por no sé qué científico de la psique (la cual, por cierto, ya nos dirán algún día lo que es aquellos que muy altaneramente (heu hybris!) se denominan psicólogos. Por otro lado, definir el eros en nuestra vulgar lengua, conlleva limitaciones como las impuestas por la “condición sexual” del investigador. Sabido es para quien conoce las técnicas del método científico, que desprenderse de los prejuicios que impone la propia individualidad en el análisis del objeto o de la idea, es un principio ineludible. Kant teorizó acerca de ello y estaríamos nada menos que ante un juicio sintético a priori, sobre cuya hipótesis se fundamenta todo el edificio de la Crítica de la Razón Pura. La dificultad de esta tarea previa en busca de la objetividad, todavía adquiere mayores proporciones si reparamos en que el asunto que tratamos es de índole más instintiva que racional. Para evitar entonces una petición de principio es preciso partir de la “condición sexual” del investigador. Que el eros es conocido por los hombres y mujeres de toda condición, no voy yo a discutirlo. Y que su esencia es el impulso espiritual que nos anima a alcanzar, tocar, acariciar y poseer un cuerpo que es hermoso porque también lo es el espíritu que lo anima, tampoco presenta objeciones. Dicho lo cual, estoy sin pretenderlo describiendo también el significado implícito en la preposición eis, que indica una tendencia dirigida hasta -no sólo “hacia”-  tò kalón. Y he aquí la principal cuestión a la que intentamos dar respuesta: tò kalòn, lo que se ha venido llamando la belleza absoluta (Belleza) no es sólo una idea “platónica”, sino la IDEA con mayúsculas, el principal y más esencial motivo de investigación filosófica. Sócrates tenía razón, y perdóneseme el atrevimiento, pues la mente más diáfana de Grecia no necesita corroboración, pero los tiempos desorientados en que vivimos no hacen redundante la aseveración. Definir la Belleza sólo puede hacerse partiendo del instinto que a ella nos guía, el eros, reevocando sin complejos nuestra más pura animalidad, el noble instinto en que radica el misterio de la Vida, que mejor y con más precisión llamaremos Bíos. Sin desvelar el misterio del eros y sin inducir su arché, jamás desvelaremos el secreto de lo que podríamos llamar  Bioarqueología. Primordial resulta, por tanto, describir las distintas formas del eros humano sin restringirnos a un punto de vista exclusivamente “heterosexual”, como habitual y erróneamente se hace. De la descripción exacta de los “tipos de eros” (erotipos) depende la precisa observación de la Belleza, tarea filosófica suma, si seguimos los pasos, como reverencialmente venimos haciendo -aquí se precisa un plural, pero no mayestático- de las enseñanzas socráticas. Así pues, comenzaremos por establer cuatro erotipos que nadie discute, dejando aparte los casos de transexualidad, que por su complejidad transcienden el objetivo de este análisis: 1. masculino heterosexual 2. masculino homosexual 3. femenino heterosexual 4. femenino homosexual. Los denominaremos tipos Marte, Apolo, Venus y Diana, que representan cuatro diferentes eros y, por tanto, cuatro ideales de Belleza diferentes. Pero estos cuatro ideales no pueden establecerse de manera puramente objetiva, sino a través de la propia individualidad y la experiencia erótica personal, gracias a lo cual idealizamos dieciséis CALANTROPOTIPOS, a saber:

El tipo Marte desde el punto de vista de los tipos Marte, Apolo, Venus y Diana (1-2-3-4). El tipo Apolo desde el punto de vista de los tipos Marte, Apolo, Venus y Diana (5-6-7-8). El tipo Venus desde el punto de vista de los tipos Marte, Apolo, Venus y Diana (9-10-11-12). El tipo Diana desde el punto de vista de los tipos Marte, Apolo, Venus y Diana (13-14-15-16). Los 16 calantropotipos son, por tanto, dieciseis ideales de belleza humana teniendo en cuenta los cuatro tipos básicos de tendencia sexual (erotipos) por el momento reconocidos en relación con el impulso erótico. Mas, aunque la distinción entre erotipos es la vía epistemológica que conduce a la inducción de los ideales de Belleza, los tales erotipos son subjetivos, porque sólo el juicio individual de cada uno de ellos tiene valor en sí mismo, pero no puede establecerse una relación cruzada entre sí.

Estos cuatro calantropotipos subjetivos serían los siguientes: 1. La belleza ideal de Marte establecida por el erotipo Venus 2. La belleza ideal de Venus establecida por el erotipo Marte 3. La belleza ideal de Apolo establecida por el erotipo Apolo 4. La belleza ideal de Diana establecida por el erotipo Diana. Como vemos, los dos primeros erotipos son complementarios y recíprocos, correspondiendo a los ideales de belleza mejor reconocidos y de general comprensión. Pero los dos erotipos homoeróticos (Apolo y Diana), parecen ser paralelos y unívocos, si damos como cierto que Apolo siente atracción por los demás Apolos, y Diana por las que son igualmente Dianas. ¿O quizás estos dos erotipos deben dividirse en otros dos que constituyan dos erotipos complementarios en cada uno de ellos? Si así fuera, el erotipo que se siente atraído por Apolo sería un erotipo como Hércules (sea o no bisexual), cual erómenos y erastés; y a su vez, el erotipo Diana se subdividiría en una eroméne femenina y una erastés del mismo género. La importancia de dilucidar esta cuestión es decisiva.

Por otro lado, los doce calantropotipos restantes (1. La belleza ideal de Marte establecida por el erotipo Marte. 2. La belleza ideal de Marte establecida por el erotipo Apolo 3. La belleza ideal de Marte establecida por el erotipo Diana 4. La belleza ideal de Venus establecida por el erotipo Venus. 5. La belleza ideal de Venus establecida por el erotipo Apolo 6. La belleza ideal de Venus establecida por el erotipo Diana 7. La belleza ideal de Apolo establecida por el erotipo Marte 8. la belleza ideal de Apolo establecida por el erotipo Venus 9. La belleza ideal de Apolo establecida por el erotipo Diana 10. La belleza ideal de Diana establecida por el erotipo Marte 11. La belleza ideal de Diana establecida por el erotipo Venus 12. La belleza ideal de Diana establecida por el erotipo Apolo.) se inscriben en el ámbito de la apreciación, la suposición o, incluso, de la razón, pero no en el del instinto o la intuición. Presuponen de manera sintética la idealización de la belleza predominante en cada uno de ellos, pero sólo en uno de ellos, en el erotipo complementario, el ideal de Belleza establecido es subjetivo y, por ello, auténtico. Estos doce calantropotipos objetivos son:

Nos referiremos en este tratado solamente al calantro-potipo subjetivo que la Belleza de Venus requiere del erotipo Marte, a porfía extasiado ante Afrodita Urania.


Dixit et avertens rosea cervice refulsit,

ambrosiaeque comae divinum vertice odorem

spiravere; pedes vestis defluxit ad imos,

et vera incessu patuit dea. ille ubi matrem

agnovit tali fugientem est voce secutus:

quid natum totiens, crudelis tu quoque, falsis

ludis imaginibus? cur dextrae iungere dextram

non datur ac veras audire et reddere voces?

Virgilio, Eneida I, 403-409

 

ALMA VENVS

Y así que habló a su madre el pío Eneas,

efluvios de ambrosía los cabellos

espiraron divinos de su vértice;

y, después que apartóse y giró el cuello,

la color semejaba de las rosas.

La veste que caía hasta los pies

y los nobles andares bien presumen

de una diosa verídica presencia.

En tanto ella se aleja, reconoce

a su madre y le dice el héroe Eneas:

“¿Por qué tanta crueldad para tu hijo?

¿Por qué así toda vez que te me muestras

no es más tu vista que apariencia falsa?

¿Por qué nos es vedado hasta el juntar

la mano diestra con la diestra mano?

¿Por qué no puedo oír tu verdadera

voz y cierta por qué no me respondes?”

 

INVOCATIO ANIMAE MVNDI

Nubes Lluvia Sol

un Arco de Iris

la Tierra mojada

olores en flor

brezo mejorana

tomillo romero

qué revelación

los sentidos solos

oler los colores

oír los aromas

contemplar susurros

tocar saborear

ya es cosa de dos

buena nueva divina

Mar sustantivo

de vivos colores

rojos son los Labios

naranja la fruta

amarillas espigas

verde de los prados

azul claro astral

añil en las olas

violeta qué pálido

juntos Cielo y Tierra

espirales mil

se son a sí mismas

una charca gris

el Agua reposa

con delectación

oh Río oh Fuente

oh Manantial viven

en ti los Espíritus

Voz que gota a gota

de sí se desprende

fluir y pasar

sin desvanecerse

Quietud fresca Sombra

y sentir el Frío

y temblar desnudo

Piel que todo siente

ligera presencia

Soledad del Aire

Soledad del Cielo

Soledad del Agua

gravedad profunda

la Tierra y el Fuego

contienen las Brasas

cárdenas el Aire

mística una Llama

crepita elévase

fulgores chasquidos

anhelo final

ausencia vacío

en lo alto el Éter

Cristal puro en llamas

Hontanar de Luz

Origen primera

Esencia del Tú.

 

AMOR  LVCET

La llama es luz quemando el tiempo.

Centenarias encinas arden

legando todo el ser a las ascuas.

Qué color infinito y puro.

Qué pasión se desata en símbolos.

Qué llamarada son las rosas.

Fue pincharse en la zarza Venus,

brotar la sangre y rosas blancas

teñirse de fenicia púrpura.

Oír el yunque de Vulcano,

feliz esposo, sabio orfebre,

muy lejos en la fragua ardiente;

se enfría el hierro ¡Escalofríos!

Armas que blandirá una mano

sagaz y agradecida: Marte

fiero, gozoso en pelear,

torvo, carnal, sanguinolento.

Rojo como las rojas ascuas

O no son rojas ni amarillas

ni son fulvas ni son doradas.

Rubíes de colores vivos.

Rojo, bermellón y naranja.

Alma estelar habita el ascua.

Genital sacramento. Flamma

del Empíreo que desciende.

Un haz de fotones: la Luz,

el Espacio, el Amor, el Tiempo.

 

ARS  ADVLESCENDI

Y perdió la inocencia cumplidos once años,

ocultos los juguetes en el viejo desván:

pistolas que hacían fuego sonando los clarines,

cochecitos en marcha si aún quedaban pilas,

montajes, construcciones sin gastos ni hipotecas;

Buzzlightyear descansa metido en un cajón,

Woody y su novia Jessy malviven en un cesto

juntos aún, los cuellos, las rodillas, los brazos

dislocados. Infancia solitaria. Morada

que atesora los días digamos que felices.

Una nueva mirada, nuevos gestos, nuevos

andares, nueva voz, nuevas palabras, nuevo

cuerpo fugaz, sensible, candeal, anhelante.

Ganará sin embargo novísima inocencia:

jugará a la Play Station, y verá la pantalla

de sangre, de cadáveres, de golpes rebosante.

¡Malditos videojuegos! Vendrá Pamela

Andersson y Angelina Jolie luciendo silicona

desnudas pero armadas, violentas pero dulces.

Isthar, Astarté, Venus, Afrodita Pandemia

vendrán a a seducirte, vendrán a despertar

el alma que dormida aún tras los cristales

la lluvia ve caer, asombrada del rayo

fulgurante que Júpiter envía omnipotente.

 

LAVS  MINERVAE

¡Efluvios olorosos que en cascada

vertís de su cabello la ambrosía!

Sabed: el crepúsculo ese día

procuraba una luz azafranada.

Sabed: aquella luz en su mirada

purpúreas las mejillas encendía;

sabed que de sus labios yo sorbía

palabras. Y… el alma ya exhalada,

do los negros silencios del Averno

un abismo perfilan cristalino,

¡tu voz! ¡oigo tu voz cuando me nombras…!

¡Cenital entereza de lo eterno

venga a mí, sabedor de cruel destino

por el oscuro reino de las sombras!

 

LAVS  IVNONIS

¡Ah mi Juno, gentil y primorosa,

distinguida de Venus por los dones!

¡Garcilaso te amara en sus canciones

y cubriera de pétalos de rosa!

¡Ah mi Juno, desnuda, siempre airosa,

reclinada luciente entre algodones!

Escúchanse en el aire aquellos sones

al fragor de una noche licenciosa.

Si tu piel en lumínica cadencia

de los lilios desdice la blancura,

cual barroca, hierática presencia,

razones hay de más en tu figura

que a Júpiter seducen ¡Qué imprudencia

desear con los rayos tu Hermosura!

 

ARS  MEMORANDI

Estábase la noche bien profunda.

Los astros solazábanse en el éter.

El Véspero deslumbra con sus rayos.

Desnudas sombras so las altas copas.

Ululantes las ninfas dan sus quedos

pasos sobre el camino, van cansadas

a los antros, hogar de hondo silencio.

Suavidad nacarada sobre el musgo.

Desfallecer es como dar el alma,

como entregar la vida y no morir

por un instante de pórfido en llamas,

y saber que las ánimas regresan

quejumbrosas, ilusas, sibilantes

y saber que amanece un nuevo día,

cual lamento profundo de la Tierra.

Rielan los altares en los bosques

sagrados (sólo el mármol los habita),

todo es lecho de lirios y azucenas.

Cuánto candor, estremecidos brazos,

níveos brazos, violas, negras violas

rinden culto a los haces luminosos.

Arrodíllanse presto las Oréades

y elevan su plegaria cuando mira

Dïana con su esfera pudorosa

el rostro macilento de Endimión.

Juventud en pletórica Belleza,

Belleza del amado de inmortales,

Belleza del mirar y desear

cuando alumbra su piel de seda y oro.

¡Ortigia a la deriva, sacra Delos,

isla oculta a la cólera de Juno,

cobijo de Latona, que en un prado

amable te ofreció la grata sombra

de una palmera y olorosa hierba

que silba entre los ayes de Ilitía,

collar luciendo Juno de ámbar y oro!

¡Y que vengan las gráciles abejas

de los prados las flores a libar,

miel y néctar que escancie virgen Hebe

con su jarra de plata junto al lecho,

que hidromiel sea vertida entre sonrisas

sobre el alba dormida de esos labios!

Bello duerme tendido en la espesura,

todo luz Endimión envuelto en rayos

bello cuerpo a los ojos de la virgen.

Y cerrados los ojos de las ninfas,

al poeta, despierto con su pluma,

una imagen le viene a la memoria.

Cual azul ruiseñor en el alféizar.

Viva imagen que brota en claros versos:

¡Al viento tus cabellos de ambrosía,

hebras divinas, rutilantes comas

que Febo de guirnaldas coronara;

y el ámbar de tus ojos, mil matices

destellos pruinosos que se tornan

irisados …y el fondo azul celeste:

…aquellos ojos glaucos de Atenea

reflejos de azafrán, …aquella piel

blanco inerte que Grecia en ti fijara,

clara forma de noble arquitectura!

La visión inmediata niega el tiempo.

Viene a mí la quietud del corazón.

Incierto deambular entre calígine:

descubrir el brocal envuelto en yedra;

los líquenes impresos en la roca,

presurosas las aguas al pasar.

Los sentidos evocan más recuerdos.

Son recuerdos que expresan lo prohibido,

densos y relictos cual mar de azogue,

fugaces cual las ondas en el agua,

primicias del amar, y concisión,

tacto preciso, breve, nieve pura.

Quédase la memoria en el umbral

un instante, y en tanto que se aleja

puedo ver un destello y una mano.

Recordar todo sangre aquel crepúsculo.

Frente altiva el retrato de Durero,

bañado de la Luz el rostro alegre.

Recordar qué fue lo que fue y ha sido,

valdrá una vida en el Eterno Ser,

Ser Inmutable Ilimitado Ser,

Ser que funda su ser en el Deseo.

Y al viento tus cabellos de ambrosía…

¡Que sufra en su crudeza el lene Céfiro,

pues suave se enredaba entre tu pelo,

la pena de pasar y no quedar!

Que ya le ofrendaré por dar consuelo

los sones de una flauta, los arpegios,

vibrante voz que fue a llorar la cítara.

Voy a incurrir en hibris cuando cante

la gloria que me cupo, diosa mía.

Lo diré no muy alto y nada altivo

¡Tenga de Júpiter perdón mi audacia!:

“Pude rozar la cima de la dicha,

fue tu aliento en mi aliento exanimado

pura brisa del aura divinal”.

Arreboles perdidos en la Noche.

Óyese la quietud del manantial

que la piel de las rocas acaricia.

Giraron a la par los dos Gemelos,

Casiopea se oculta tras Orión,

y el Cangrejo le pisa los talones.

Estábase la noche más profunda.

Conciencia que en lo astral se difumina,

conciencia de lo oculto y lo recóndito,

conciencia que sumida en las tinieblas,

anhela su cosmética misión:

ceder al día el honor de la Belleza

cual derrama la Aurora entre sus dedos

los pétalos primeros a Titón,

(tan yerto sobre lúgubre cubil

como de púrpura y de rosas ebrio)

Muy sutil, sin embargo, se demora

cuando vierte rocío entre las sienes

hermosas pero al cabo plateadas

de aquel que bello eterna muerte clama,

de aquel que eterno muerte bella ansía.

Transitar por la senda de los sueños

queda al menos del hado fugitivo.

Destellos de la luz en la memoria.

Soflamas en las nubes de la tarde.

Te quise recordar. No más podía

blandicias evocar, traer suspiros

que cubren las arenas de la sirte,

… y Venus entre luz crepuscular,

cuando, cansados de llorar los ojos,

quise al fin acabar con los desvelos,

quise al fin recoger el fruto, quise

contemplar una vez lo ya pasado,

holgar entre tus brazos y partir.

 

ARS VINCENDI

El amor de Capablanca,  la princesa Gondaeff

(tallo recto de azucena,  las mejillas, rosicler)

entre sábanas de Holanda  sola sufre en el hotel.

Ignora que desde anoche  soñando en el secreter

rodelas de tinta negra  volitan por el papel.

No presiente lo que ocurre,  no presiente fría sed,

no presiente los albores,  no presiente su desdén,

todo fía en la dureza,  la crueldad y la altivez,

como llama que crepita  sulfurosa sobre mies.

Todo fía en la cerúlea  de las Rusias desnudez.

Sin embargo tiene dudas,  ¿quién sabrá si será fiel

el gentil hombre que ama  sin recato ni doblez?

…Derramada sobre el lecho  -tacto suave de satén-,

desentraña su futuro  con los posos del café;

si ya perdió la tibieza,  nada más puede perder,

templada tiene en acero  su serena candidez.

Apura el último sorbo  y entonces comienza a ver:

figuritas encantadas  y un tablero de ajedrez,

una reina que en apuros  pide ayuda a su doncel,

damiselas de alta cuna  con escudo de lunel,

caballeros que a su amado  quieren retar otra vez,

demostrando más fiereza  quienes más tienen poder,

pero encuentran lo que buscan ¡Jaque mate! ¡Viva el rey!

Ella se tapa los ojos  y cuenta una, dos y tres,

abre los ojos y mira  dibujando lo que fue:

los jazmines y las rosas  tan solo quedan de él,

olorosa madreselva  y espirales de placer

y sonidos que son ecos  desde el tálamo al dosel.

Núbil cuarteto de cuerda  que pone ritmo al ayer.

Reverberan sostenidos  los timbres bajo su piel,

enaltecen los violines  su rostro de matiné,

la ternura de la viola  dora el aire de oropel;

al vibrar el violoncelo  en su alma de mujer

son las auras temblorosas  cual ninfeas de Monet.

La reina, el rey, los alfiles,  torres al amanecer,

bien formados los peones  ceden el paso al corcel.

¡Princesa de blancas manos,  línea pura de esbeltez,

deja en las negras tropas  el perfume de tu ser!

José Raúl Capablanca  nunca vacila al mover,

ni entre notas algebraicas  ni caricias de moaré,

ni entre piezas, ni dameros.  Quiere lucha sin cuartel:

la belleza es la Belleza  cuando juega al ajedrez.

 

ARS BELLANDI

Junto al bosque sagrado de mirto y de laurel,

aquel bosque dormido, aquel bosque de tristes

querellas, ninfas Dríades, privadas de los ojos

y voces que palpitan allá en oscuros senos.

Donde el héroe Academo reveló a los Dioscuros,

alumbrados de Leda (quién mortal, quién divino)

qué lugar fue morada dilecta para Helena

(mujer de níveos brazos y rosadas mejillas

entregada a Teseo por la fuerza de un beso).

Donde aquellos se amaron, camino y oigo pasos.

Aritméticos trinos gorjea el ruiseñor,

acordes con la oculta y secreta geometría.

Recuerdan a Platón, a Sócrates y al gallo,

y quienquiera se acerque a este bosque encantado

animado de ganas de saber lo que es bello,

podrá escuchar gemidos, qué grata melodía,

gemidos que provienen de la tumba, susurros

del viento que se filtra sonoro entre las hojas:

la voz de la Tindáride, angélica y glacial,

hermosura guerrera que heroicos adalides

anhelan. Sólo viste corpiño que le dieran

sonrientes las Gracias, cortejo de Afrodita.

Y tiempos llegarán de fe contemplativa

como rota la rueda de los siglos, felices,

en loor a la diosa de trina perfección,

la Bondad, la Justicia y la Belleza: Verdad

en cielos de zafiro y en mares de cobalto.

Cierto que los ancianos en la Puertas Esceas

al ver la hija del cisne (Oh Leda en la espesura

fementidos los rayos en el ámbar del pico),

rumbo a Atenas debieron partir en negras naves

y entonar altas preces al alma de Teseo,

seductor de doncellas que viola y abandona.

En las rocas de Naxos las lágrimas de Ariadna.

Las quejas y los ayes se quedan en las olas.

Mas otra cosa hicieron los nobles de Ilión:

fincáronse de hinojos y ciegos de lascivia

quedáronse extasiados en nube de Beldad.

No habría muerto Héctor, ni habría Laoconte

blandido larga pica, ni desde la muralla

Casandra desceñida hubiera dado aviso

ya sueltos los cabellos que Febo poseyó.

Ni Heleno, el sacerdote gemelo de la virgen,

habría sido diestro con arco de marfil.

El senado de Troya clamaba en los alcázares.

Que bien sepa Alejandro la augusta decisión,

la bella entre las bellas, esposa del adúltero,

bien vale aquellas rosas de sus tiernas mejillas,

bien vale la blancura de sus brazos de nieve.

¡Que mueran nuestros jóvenes luchando por Helena!

¡Que mueran defendiendo los dones de Afrodita!

¡Cobardes haya héroes y vivan muchos años!

 

ARS  AMANDI

Me preguntas, amada mía, qué es

el Amor, que sin él vivir no puedes…,

que entre tantas desdichas sólo ésta

te hace llorar, que lo demás no es nada

sino nieve que en paz leve se posa.

Y yo respondo, amada mía, sin que

venza la fuerza del torrente, ni que

pasión alguna enturbie los sentidos.

Dejaré que hable primero el común

sentido, quizá después hable la sierpe.

Querrás saber por qué cuando tú amas

no siempre corresponden tus deseos.

Querrás saber por qué si tú no amas

te asedian deseosos otros cuerpos.

Misterios de Cupido. Sus saetas

doradas mueve ciego en el carcaj

que grave se derrite por el plomo.

Su sonrisa descubre lo fatal.

Quedan lejos los días y las noches

vividos con la prisa y la impaciencia

por dejar en tus labios mi derrota,

la derrota de amar y no morir.

Puedo mirar tus ojos rutilantes,

o mirar el envés de la amapola.

Sin nada más pensar ya te respondo,

que del Amor, amada mía, quieres

saber y de la fuente de pesares.

¿Qué es el Amor sino vivir con gozo

muy diversos encuentros que acontecen

entre personas muy diversas, dados

muy diversos momentos para amarse!

Fugitivo y extraño y vacilante,

incluso a veces se oyen los suspiros…

y surcar, como bien dice Propercio,

poeta del Amor y de la Muerte,

las ondas del Leteo, negras aguas

de la Estige, aquella que los dioses

invocan sin mentir ni perjurar.

Amaos libremente –dijo Zeus-

los unos a los otros sin rencores,

que amando nos libramos de la Muerte,

muriendo nos libramos del Amor.

Que el amor se desprende de la piel

vagamente al contacto de dos cuerpos.

Pasear como sombras de la mano…

Ofrendar a Perséfone una flores

y probar los rubíes de la fruta

sagrada entre sus manos, la granada.

El Amor son las súplicas de Orfeo,

decir palabras tiernas y llorar.

Y no hagas más preguntas indiscretas,

amada mía, vive sin cuidados,

sin llagas que se oculten en las venas,

ni consientas que sufra el corazón,

que sólo es este oficio de poetas…

y entrégate a placeres y deleites

con que gozarse alegre el alma pueda.

Besar la suave seda de unos párpados

por entre aquellos ríos vespertinos,

por entre aquellos llanos despejados,

por entre aquellos valles nemorosos,

por entre aquellos montes solitarios.

 

IMPERIVM  VENERIS

Sabrán por lo manuales de los Clásicos,

cuyas páginas míticas y extrañas

con gracia y mucho encanto nos deleitan,

que Afrodita es la diosa nada odiosa

del amor y también de la belleza.

Nacida de la espuma entre las olas

cuando el Cielo sufrió la amputación.

Majestad sonrosada de unos muslos

que el alma de los números evoca.

La diosa del amor y la belleza,

que mejor con mayúscula inicial

los alumnos de Sócrates pondrían

al calor de los neutros adjetivos.

Será Venus romana y poderosa

testigo inmaculado de la afrenta.

Llegan vivos reflejos nacarados

entre lilios y pétalos de rosa.

Podrás ver en las genas la color

que Aurora entre sus dedos enternece.

Mucho ya dio que hablar entre estudiosos

del genitivo posesivo aquel

la unión copulativa de los términos

citados, el Amor y la Belleza.

Alguna diferencia semiológica

separa el poseer del tener algo

pero ya nos dirá cualquier experto

doctorado en la ciencia erotológica,

reputado en materia tan abstracta,

cómo se alcanza a poseer aquello

que a la vez que separa une los términos.

Qué copula el Amor y la Belleza

querrán saber quienes estudian probos

la Ciencia de Verdad, Filosofía.

Reunidos  los próceres de Atenas

licenciados por artes amorosas

acuden al simposio de Agatón.

Da una fiesta al vencer con su tragedia.

Saben todos a qué se les convoca.

Saben bien qué están celebrando. Beben,

tras lo cual dialogan. Eros triunfa

sobre amantes amados que se aman.

Afrodita sin Eros nada puede,

nacido de Ares o del negro Caos,

hijo inmortal que juega, que sonríe,

que nos guía buscando la Belleza.

Procrear en las almas y los cuerpos,

procrear en los cuerpos y las almas,

procrear es vital filosofía.

Verdad es que las almas en las almas

engendran lo inmortal si son hermosas.

La muy sabia Diotima, tan mujer

y al mismo tiempo más sabia que Sócrates,

al más sabio legó la gran receta.

¡Qué prodigio, qué gran sabiduría

seguir sus enseñanzas! Y Platón,

tan noble, tan correcto y tan listo:

erastés que a su erómenos admira

desbordados placeres y deleites

en el cuerpo, en el alma, en los sentidos.

Éros eis to kalón. Friné la hetera,

la más hermosa hetera entre las bellas

mujeres que dio Grecia. Ni Praxíteles

ni el Consejo de ancianos, ni las leyes,

expuesta esa Mujer a las miradas,

la desnudan del mágico corsé.

Representa el encanto que enajena.

Vossiana antonomasia, dulce Venus,

reverencio tu nombre, yo venero

las magnéticas curvas que limitan

la potencia y el acto de tocar:

venustas los romanos la llamaban,

llamémosla nosotros Venustad.

Afrodita es pandémica y celeste,

pero Venus es diosa seductora.

Venus seduce, mientras Eros lanza

saetas que a Cupido incluso alcanzan.

Lloró la diosa Cipris por Adonis,

Apolo se deshizo de lascivia

persiguiendo a la hija de Peneo.

Olvidar a Jacinto y Cipariso,

olvidar la razón de su deseo

no fue sólo cuestión de puntería:

pues fue el arco tensado, fue la lira

menos fuerte que el oro de las flechas.

 

DE  VITA BEATA

Eres aún joven, Cirno, mas escucha:

¡Lejos quede lo efímero y mudable!

Quién sortea la muerte y sus temores

Epicuro pregunta a sus discípulos.

Cuando verde alejábase la luz,

todo azul se irisaba el horizonte

a la sombra apacible del Jardín.

Ligeras brisas, auras leves, Céfiro

süave entre las hojas de los árboles.

La música del agua brota. Laten

recónditos espíritus eternos.

¡Dulce et decorum pro patria mori!

Sabias palabras en sus versos dice

Tirteo jubiloso a los varones,

que ensalzan el gran nombre de Laconia.

¡Hombres templados! ¡Grávidos acentos!

Trescientos espartiatas que murieron

cumpliendo estrictamente con las leyes

rinden culto a la pira de Licurgo.

El escudo redondo con la lambda

grabada a sangre y fuego, testimonio

vital que dan las madres a sus hijos.

¡Esparta la de negra sangre! ¡Doren

los cabellos de Helena con sus rayos

la muralla sutil que te circunda!

¡Aparezcan armados los Dioscuros,

fervientes al fragor de la batalla

cuando corre la púrpura en las filas!

Otros riquezas entre honores quieren,

vanitas vanitatum a porfía,

llenas las manos de preciosas gemas,

engastadas en oro y en marfil,

en madera de boj o terebinto,

esmeraldas, zafiros y rubíes.

Bienes caducos que al morir un día

los afanes arrastran a la urna:

“Polvo que en polvo se convierte, sombras

de un sueño son los hombres, dijo Píndaro.

Nadie se libra de la muerte. Nadie

se libra de la vida, ni siquiera

los que versos dejaron al pasar,

monumentos de bronce, adamantinos.

Pero es acumular riquezas, Cirno,

tarea de kakoí, porque los nobles

no cuidamos de cosas, ¡son las almas

lo que importa! ¡No sigas los consejos

de la chusma, vileza tan ramplona!

Busquemos la areté que eleva al hombre

que ingénita en tu pecho alguien dejó:

tus padres, tus mayores, esos héroes

que entre dioses vivieron y lucharon

para ti, que no sabes quiénes fueron.

Otros, que viven sin vivir en sí

retoños crían para ser felices,

“felicidad inmensa” dicen ellos

“lo mejor de la vida son los hijos”

¡Qué razón tienen, Cirno, porque viven

vidas que no son suyas, fundamento

del arte de cumplir nutridos años.

“Nací, viví, morí”, dirán, “yo supe

transitar por caminos polvorientos.

Pero mira sus ojos tristes, Cirno.

A veces lloran de dolor y sufren

lo que son, lo que fueron y serán.

Ya sabemos cuán otras esperanzas

albergan los que son irresponsables,

los que cogen del árbol de la vida

maduros frutos al caer la tarde.

Carpe diem, invento de los Clásicos.

Alceo, buen amigo y bien amado.

Safo decora el carro de Artemisa.

Anacreonte sin rubor despierta.

Mimnermo juega al pádel con las musas.

Catulo, buen romano, buen amante

de Juvenco besó los tiernos párpados

ante Lesbia a quien odia pero ama.

Horacio sabe amar los tiernos jóvenes,

e irisar a doncellas las mejillas.

Ovidio es el experto en el amar:

el arte magistral de dar los besos

y el arte sepulcral de dar la tierra.

Tú, Cirno, aún eres joven, bien sabrás

un día cómo anhelan, suspiran, tremen,

palpitan, gimen, claman, gozan, sufren

los amantes rendidos en el lecho.

 

EPITHETA ORNANTIA

Sacrosanta certeza el Sustantivo,

concreción que hacia el Nombre afluye, pura

concreción. Lo absoluto, sumo, eterno,

lo inmortal, lo prendido a la memoria,

lo desnudo, lo exacto y lo perenne.

La Verdad queda densa. El Adjetivo

sabe de dimes y diretes, sabe

lo que otorga prestancia al Sustantivo.

Mansedumbre dilecta es el Epíteto.

Calificar el Nombre es disentir

de la Esencia dormida y de lo Eterno.

Fecunda claridad. Concupiscente

tras los nombres se eleva el Adjetivo.

Tiende al cielo. Penetra los sentidos.

Qué sutil compañía. Qué matices

desvelan la presencia de lo quieto.

Eros gime en la negra oscuridad

cual ancestro carnal previo al vivir.

Como la Tierra al Cielo el Sustantivo.

Como el Cielo a la Tierra el Adjetivo.

Recovecos azules en la nieve,

blandas pisadas, ansiedad glacial,

brama el Cierzo, despierta lo Interior.

Como niebla que mora en lo Profundo,

como lenta agonía, como inmenso

páramo, como estepa, como erial

batido por el Euro, el Noto, el Ábrego.

Sabrás de Helena, la de lindos brazos.

Sabrás de Aurora y los rosados dedos.

Desplegada su túnica, el añil

se difunde en estambres de azafrán.

Negras naves combadas en la playa.

Melenudos aqueos, tiernos besos,

Troya la rica en oro y en corceles.

Aquiles el que mata a la carrera.

Presto a cumplir deberes siempre Eneas.

Las grebas son de bronce bien bruñido.

Largas picas de fresno que intimidan.

Y si avanzan los carros muge el suelo.

La sangre da a la púrpura matices.

Cobarde es Alejandro frente a Héctor.

Hermoso y entregado a la Belleza

confía en Afrodita, la que otrora

sus pasos hasta Cránae guió.

Por aquellos herbosos prados dábanse

las manos como adúlteros que eran,

…y el Deseo que bullía estremecido.

Fiero león que ruge en la llanura

Menelao, caro a Ares, cuando advierte

que no está el rubio Paris en el suelo,

ni lo ahoga la cuerda bajo el casco.

Helena lo acompaña junto al tálamo

divina entre mujeres, más que diosa.

Escrútanse los ayes sin retorno.

Sentir la fría plata sobre el mar,

las espumas, el vino. Aquellos cuerpos

regresan al Olimpo de la Luz.

Adjetivo abrazando al Sustantivo

sobre arenas calientes y cobrizas,

secretas, relucientes como el oro,

soleadas en tardes estivales.

 

LVCERNA  PER  VMBRAS

Tenue luz. Una llama brilla trémula.

La sombra de unos brazos en el techo.

Brazos en alto, brazos, lindos brazos

se elevan …y la estola hasta los pies.

Se despliega la toga sinuososa.

Suave luz. Una llama que ilumina.

Imágenes difusas de dos cuerpos

inmóviles a veces, luego vibran

como estelas redondas las paredes.

Las sombran se proyectan como almas.

Las sombras se entrelazan al moverse,

se ocultan, aparecen, giran, ruedan,

conocen bien el arte, desfallecen

el uno sobre el otro al abrazarse.

Cobra vida la luz en la lucerna,

temblorosa y riente, muda, lánguida,

testigo fiel de los dolientes besos.

Un mensaje revela la pintura

que es Amor detenido en un pincel.

Algo al fondo se yergue sobre el muro:

Hero y Leandro, dos amantes, solos,

vestidos de guirnaldas, perfumados

de cinamomo y de jazmín. Violetas

pudibundas cogidas en el prado

ceden su tono pálido al cabello.

Deslumbran los colores. Se dibuja

la escena previa de los pasos breves,

(callados, tan apenas se adivinan)

¡Ya vendrá la porfía sobre el lecho!

La ventana está abierta en una esquina,

marginal pero llena de cadencias.

Muestra la faz del oleaje. Nubes

atérrimas ocultan ya los cielos

y plangores fremitan en las rocas.

Son amantes que inspiran los deleites.

¡Gócense tras aquel preciso instante

de los tibios sabores de las mieles¡

Las formas se confunden en el cuadro

que pinta aquí de nuevo la lucerna.

Formas humanas del amar difusas.

Las riñas, los reproches, las peleas

dulces son sobre tálamo de plumas,

dulces son si no pasan del ayer.

Mas la savia mordaz que en el aceite

gurgita llamaradas a la noche,

caerá sobre tu hombro por deseo

ferviente de la amante estremecida.

¡Cuánta luz atesora la lucerna!

¡Cómo es todo verdad en las pupilas!

¡Cuántos son los secretos que ella guarda!

 

TANGENDI  DELICIAE

He nacido a la piel, dominio terso

de la plácida música. Son nubes,

son exequias, tributos a la forma.

Es la génesis loca. Son los besos

la dulce placidez en prado ajeno,

crüel apoteosis, rubia arena.

Nací a la piel y a los sentidos. Bosque

secreto. Ese rostro languidece

todo dejándose guiar, caer

transido a la vertiente de los dedos

y al imperio del tacto generoso.

Navegar por tu cuerpo y sus honduras,

invocar la clemencia de la diosa

que despliega el silencio y lo secreto

de las yemas, sabernos en la cueva…

y esa bruma que extiende con sus alas

el abrigo y la calma con que amarte…

Noche serena es entregada al pálpito.

A la piel como al mar hoy he nacido,

mar que a las playas da su canto eterno,

donde el nácar impera con su hechizo.

Talismán de Proteo es mi regalo

que agradezco a Tritones y Nereidas,

bruñidos como plata ¡Qué bien saben

oír aquellos versos, los cantares

que recorren las crestas de las olas!

Allí viven sonidos inaudibles

a los seres nacidos de la Tierra,

odeón de instrumentos que se ocultan

y aparecen, que vienen y se van.

Misterios que concitan las Sirenas.

Mas son esos sonidos el arcano,

divino sistro que a tu lado escucho.

Son fuente de agua dulce las caricias.

A la piel lisa y clara hube nacido

surcando aquellas olas, palpitantes

sobre el mármol ¡Altar humeante

lleno de vísceras que ya no sienten!

A tu piel temblorosa me encomiendo,

sede de la blancura más callada;

a tus labios extremos y silentes

porque, roto el secreto de Lucina,

a tu piel y a tus labios he nacido.

 

VOLVPTAS  IRREPARABILE  FVGIT

¡Amada de las olas y los vientos!

Concédeme ese ignoto, lento, sumo,

candente, cenital, alado frenesí

que gime entrecortado a borbotones

como esquife juguete de las olas.

Concédeme el intenso respirar,

esa voz que estremece todo el aire.

Dan sentido al camino los anhelos.

Clamitar de clarines y de ayes.

¡Amada de las cuevas y las fuentes!

Concédeme la voz y la delicia

de aquel tu aliento a la deriva huyendo,

cual cierva que al oír unos ladridos

busca azorada espesos bosques gratos

al galope, al galope de pezuñas

irredentas, nacidas para huir.

Qué color espectral, qué servidumbre.

¡Amada de las voces y los ecos!

Concédeme jadeos sin reparo,

que no hay mayor placer que desvivirse

rendida entera a los impulsos ciegos

de aquel anhelo místico y vivir

después la muerte del que muere ajeno.

Era noche alumbrada de relámpagos.

Sepultura de luz en los confines

celestes de ese cuerpo presentido.

¡Amada de lo arcano e inefable!

Concédeme tu alma por entero,

Dame tu sed y tu caudal remoto,

donde el tiempo se inhibe gota a gota.

Dame memoria de tu gesto en arco.

Concédeme la dicha de saber

qué murallas oteas en los sueños:

los verdes pastizales y la luz

süave que en la púrpura se dora.

Dame la paz de tus sentidos grave.

Quiero ceñirme a tu candor celeste

y a la réplica fiel de los Elisios.

Quiero tu mar, tus olas, tempestades,

y la playa escondida entre arrecifes

también la quiero, amada mía, quiero

la luz y el nácar de tu blanco seno.

 

QVID  AMOR  SIT

“El amor es unión sentimental.

Sentir dos veces la pulsión externa,

como caricias son las olas, dunas

que decrecen en doradas arenas.

El amor es unión emocional.

Notar dos veces lo que se ha sentido

como piedras se rozan en la tapia,

epidermis que cuelga de los riscos.

El amor es unión intelectual.

Pensar muy juntos a través de ideas,

como nimbos que cubren los alcores

y túmidos se internan en las grietas.

El amor es unión elemental.

Y también es la unión de dos cuerpos

y dos almas unidas en lo Uno

por tálamo de púrpura y organza.”

Tal dijo aquella noche a sus clientes

un dómine que tiene un lupanar

abierto junto al bar de la autovía.

Paris. Oh l’ Amour …l’Aube …Je t’aime joyeux.

 

ANIMVS  TRANSEVNDI

Te quiero como el aire,

como el alma del aire,

como el alma del viento,

repentina, veloz,

presurosa

sentida tu suavísima presencia.

Como gimen los robles,

como gimen los fresnos de cimbreadas copas,

como suave susurro sobre las hojas secas.

Como pasa el Favonio,

placentero deleite,

rozando apenas al pasar las ramas.

Te quiero como el agua,

como el alma del agua,

como el alma del río,

cual alegre murmurio

de náyades y oréadas,

como quiebros sonoros

de linfas fugitivas,

locuaces, sigilosas,

corrientes, cristalinas,

musitando

los callados secretos de la Tierra.

Te quiero como el Éter,

como el alma del Éter,

todo Espíritu alado,

sereno, en libertad,

mariposa nocturna, temblorosa,

soñando Ideas entre formas puras,

como música eterna dormida en las estrellas.

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